martes, 26 de abril de 2016

Dilemas de la Patria: Trotar o Protestar.


Anteayer domingo 24 de abril se dio con mucho éxito en Caracas el conocido maratón CAF (del Banco de Desarrollo de America Latina), que desde hace cinco ediciones, ha congregado a una enorme cantidad de corredores maratonistas de todas las regiones de Venezuela y de algunos países de Latinoamérica.

En mi ciudad (Puerto Ordaz), participar en ese evento levanta pasiones, y básicamente casi todo corredor local que se precie, y que esté en capacidad de superar los 10k sin terminar inválido o en el hospital, fija como meta final de su entrenamiento el media maratón (21k) o el full maratón (42k). Y en este caso, el más conocido de todos en el país es el CAF. Ni más ni menos. Y hacia ese evento todos los corredores enfilan sus baterías.

Si bien es cierto que algunos se plantean metas más ambiciosas, como el maratón de Nueva York, etc, en este caso quiero referirme al corredor que está un poco por encima del promedio en nuestro país, y no a los corredores élite de la disciplina, que por lo general siempre vuelan más alto.

Ciudad Guayana es corredora por naturaleza. A casi cualquier hora del día – menos al mediodía – puedes ver en alguna calle, vereda, acera, parque, o campo deportivo, a alguna persona corriendo – lo que en el norte llaman running - , o haciendo las veces de estar corriendo – lo que en el norte llaman jogging. Además, en la ciudad hay al menos una decena de grupos de running organizados a un gran nivel, al punto de que es aquí donde se organiza el ya famoso evento nacional de 10K "Corre por tus Venas", y que cada año junta como mínimo a 2000 corredores de diferentes lugares del país, edades y categorías.

A pesar de no ser tan regular como el corredor más practico de mi ciudad, yo me considero un runner con todas las letras. He corrido toda la vida y ya he competido y culminado cuatro carreras de 10k con un entrenamiento medianamente intenso y a buen tiempo. Por lo tanto, todo lo que tiene que ver con el running me emociona, y esta carrera del maratón CAF siempre me ha llamado la atención por lo famosa que es y por lo que significa. Son el límite de todo corredor apasionado. Son la meta final. Terminar, en el tiempo que sea, la distancia de 42 kilómetros sin morir en el intento ni quedar parapléjico.

Como corredor, el solo imaginarme cruzando una meta que certifica que he terminado con vida 42k, me provoca una emoción indescriptible de superación, de poder, de invencibilidad. Para un corredor, romper esa meta es culminar una lucha de mucho tiempo por ser el mejor. Y en general ese “mejor” no significa superar a otros corredores, sino superar a la mejor versión que el corredor tiene de sí mismo. Por lo tanto, el asunto es algo hasta psicológico y, a la postre, espiritual.

Pero esa suprema emoción generalmente es compartida solo entre corredores o afines, ya que, llegado el día del evento, en las redes sociales de mi atribulado país, la realización de una actividad deportiva que lleva a la calle una mañana de domingo a más de 10.000 personas, despierta opiniones y sentimientos encontrados; diametralmente opuestos por lo general.

En facebook, twitter, instagram y demás, siempre están compartiendo tribuna el runner apasionado, el profesional, el aficionado, el estudiante; también la ama de casa, el trabajador asalariado, el que no lo es, la gorda de las mil dietas, el flaco que solo juega básquet, la modelo de selfies, el jodedor bebe-caña que no da un paso sin sostenerse de algo, el amante de los carros tuneados o patones, el pela bola, que aunque no tiene ni para comerse un “orlanditos”, es hiperactivo en las redes; y por supuesto, el extremista político, que siendo de un bando u otro, absolutamente todo lo lleva al plano político, y de ahí no lo saca nadie.  

Ese grupo en particular – no organizado, afortunadamente - es el que por las redes ha armado una protesta mayúscula por la efusividad con la que los corredores toman esa carrera de 42k, contrastándolo con la evidente apatía de todo el mundo  - según ellos – de salir a marchar y hacer bullicio cuando los convocan, para exigirle al gobierno respuestas por todos los problemas que sufrimos.

Ellos dicen que todos esos corredores son una especie “disociados”, gente desenchufada de la realidad, porque bien pueden salir alegremente a correr a las 5 a.m un domingo, pero ni de broma se animan a salir con una bandera a marchar y protestar por las calles cualquier día de la semana.

Hace un año pasó la misma polémica en las redes. Muchos criticaban a los corredores por trotar pero no protestar, por preocuparse solo por hacer su deporte y no luchar por los derechos que tienen como ciudadanos. Decían que cuando los partidos convocaban las marchas solo asistían unos cientos, mientras que, en cambio, en esas carreras participaban miles.

Yo los defendí desde mi posición de corredor, y me caí a insultos con varios de ellos por las redes; pero este año, en el que he estado menos activo en la carrera, no quise polemizar públicamente con nadie, primero porque las cosas en efecto están mucho peor que el año pasado, y segundo, porque preferí reflexionar y analizar en solitario esta polémica, pero esta vez intentado hacerlo desde la posición de ciudadano de a pie. Ya no como corredor.

Siempre arranco pensando que quien no entiende algo lo juzga. Hace unos días vi una película excelente llamada “Meru”, que trataba sobre la lucha – contra los elementos y la tragedia - de un grupo de escaladores alpinistas, para  coronar por primera vez la cima del monte Meru, una montaña con paredes escarpadas casi verticales en la India, considerada por los tibetanos como “el centro del Universo. En esa película, el espectador prácticamente “vive” lo que los alpinistas sufrieron – tanto en la montaña como fuera de ella – para conseguir la hazaña; y esa bien lograda interacción entre publico y protagonistas es la que me permitió entender - casi y no del todo - las motivaciones, la razón y el por qué esos señores ponen en riesgo su vida para tan solo pisar una cima durante cinco minutos luego bajar.

Cuando uno no entiende por qué algunas personas hacen ciertas cosas, uno fácilmente se siente invitado a llamarlas locas o dementes. Vemos a un alpinista dejar los dedos de los pies en el Everest y creemos que esa gente tiene un tornillo flojo y nada más. Vemos a paracaidistas, a corredores de Formula 1, que chocan un monoplaza, casi matándose, y a los pocos meses vuelven al ruedo con más determinación, y no nos queda más que llamarlos locos.

La irónica verdad es que todas esas personas, en la práctica, están más conectadas con sus propias realidades y sus propios “yo” que nosotros mismos. Ellos reconocen que su felicidad y la mayor satisfacción de su vida está en hacer lo que hacen, por más riesgoso que sea. Mientras tanto, en este mundo cada vez más globalizado y artificial, muchos de nosotros, los comunes, aún no somos capaces de reconocer o encontrar la fuente inagotable de nuestra propia felicidad. Nos pasamos la vida buscándola entre amigos, redes, blogs, juegos, etc. y se nos suele ir de largo, por lo que terminamos muriendo en el intento.

Entonces, viéndolo así, es normal que alguien que jamás ha corrido en su vida, o solo lo ha hecho para escapar de un atraco, piense que todas esas personas que madrugan y se visten para echar una extenuante carrera de dos horas de un punto A a un punto B, son unos completos locos. Inclusive, son llamados “pendejos” por los científicos del populacho. Pero no entienden que los corredores son realmente felices cuando hacen eso. Cada vez que trotan añaden felicidad a su vida.

Sin embargo, muchos críticos del maratón no se meten tanto con la pasión del corredor por lo suyo, sino con la supuesta falta de amor por la patria de estos, cuando, por el contrario, no acompañan con el mismo fervor las marchas opositoras cuando estas son convocadas. Política, y como no, patriotismo trasnochado por delante.

El luchar por la patria tiene muchos matices. Se puede hacer desde la trinchera del campo de batalla, desde la oficina del que trabaja, o desde la escuela, cuando un niño decide botar la basura en la papelera y no en el piso, añadiéndole un granito de arena a un país más prospero en el futuro. Pero como al venezolano le gustan los juegos de artificio, la bulla, la parafernalia, y como no, los golpes de efecto como motores de tránsito del camino fácil; bastante de ellos creen que luchar por la patria es solo formar peo, quemar cauchos, vandalizar negocios y buscar tumbar al gobierno.

No de gratis Chavez se ganó un montón de adeptos, vendiéndoles la idea de que todo en nuestra sociedad tenía que ver con “batallas”, “comandos”,  “luchas”, “trincheras”, “rodilla en tierra”, “vanguardias”, y demás términos y estamentos militaristas, a los que todo ser humano acomplejado le encanta adherirse, por hacerlo sentir medianamente importante y con cierta cuota de poder.     

Así que, apoyándose en este trastornado sentimiento patriota, y buscando revivir el animo de combate opositor, en las redes muchos quieren servir de arreadores para que la gente una vez más se anime a marchar junto a los partidos políticos, para exigir al gobierno una salida a esta crisis miserable que nos consume. Como si fuese así de fácil. Exigir y salir.

No se si la memoria colectiva falla, pero desde que Chávez tomó el país por asalto, la población opositora ha marchado hasta el hartazgo. Marchó a pelo desde el 2002 al 2004, viéndose involucrada como extra en la momentánea salida del poder de Chávez, a cargo de unos militares sublevados (y vuelto a poner por otros militares leales). Marchó contra el homicida de opositores Joao de Gouveia, el Lee Harvey Oswald venezolano. Marchó porque Chávez botó a un gentío de PDVSA. Marchó porque Chávez hablaba mucha paja, marchó porque había que hacerlo para sacarlo del gobierno, marchó porque era divertido, marchó porque en la marcha había buena música para bailar, marchó porque la marcha estaba de moda. Marchó, marchó y marchó, hasta que la propia palabra perdió el sentido entre la gente, y las supuestas marchas se volvieron una vulgar bailoterapia entre viejas chismosas y panas ladillados. Estoy seguro que si en esa época hubiesen existido las redes sociales y los teléfonos inteligentes, todos tendrían un montón de selfies en aquellas marchas, que podrían servirles como recordatorio de la enorme estupidez de esa época. 

Y qué decir de las más recientes, las del 2014, muy mal llamadas las de las “guarimbas”. Donde murieron jóvenes estudiantes y gente inocente por grupos de inteligencia gubernamentales. Y donde Leopoldo Lopez terminó pagando los platos rotos de todo lo que ahí pasó, dentro de su particular ambición personal de poder. La diferencia de estas con las anteriores es que el gobierno se radicalizó y las disolvió todas rápidamente a gas y plomo, pero poco a poco se veía que todas esas marchas iban degenerando en los mismos espectáculos vergonzosos de una década atrás. Muchachos usando sus smartphones para comunicarse tipo walkie talkie con otros en otras marchas, creyéndose “operadores de inteligencia”, avisando a todos la ubicación de la guardia nacional, mientras que, en el mismo canal del walkie, otros les saboteaban la “estrategia”, mentándoles la madre o tirándose peos por los canales.

Entonces, ¿marchar?. El venezolano con memoria, cansado y atribulado, que ve como se le viene el mundo encima con tanta escasez, delincuencia y ahora sin luz, no quiere marchar. Quiere salir ya de todo esto, de este infierno. Y siente que los caminos democráticos e institucionales se le han cerrado en la cara. Muchos venezolanos ya sienten que la marcha con banderas y pitos de un punto A hasta B ya no sirve de nada. Si la propia Asamblea Nacional, elegida popularmente, está siendo anulada por un poder judicial elegido a dedo por los diputados chavistas de antes, ¿Qué más queda por hacer?.

Venezuela ya marchó, y lo hizo bastante. La gente ahora lo que quiere es protestar. Está tan molesta e impotente que tienen ganas en verdad es de hacer desastres, de cerrar calles, de saquear negocios, y de quemar a delincuentes a cielo abierto. Y ya no es solo el venezolano en pobreza extrema, sino el que solía tener mas recursos, el clase media, que quiere decir a todo pulmón ¡Ya basta!.

Y los partidos políticos no saben digerir y canalizar ese sentimiento contenido de la gente; lo confunden o lo menosprecian, y siguen convocando a marchas de protesta pacífica y ordenada contra los abusos velados del gobierno. Se desconectaron de la población – si es que alguna vez estuvieron conectados – y ahora no saben como recuperar la credibilidad. El grueso del país, en sus entrañas revueltas, ya no es pacífico, ni ordenado. Está esperando algo que lo haga estallar.

Entonces, es claro por qué no se puede comparar a 10.000 corredores una mañana de domingo, con una población marchando en ánimo de protesta contra el gobierno. Si está comprobado que el correr garantiza una mayor oxigenación en el cuerpo y mejora la salud en general, de igual manera se comprobó que aquí todas las marchas de protesta que se han hecho no han llevado absolutamente a nada ni han resuelto nuestros problemas. 

Y no hay que olvidar que la crisis económica de nuestro país nos ha golpeado durísimo a todos. También a los corredores. Muchos han dejado de entrenar para asumir dos trabajos, ya que con uno solo no pueden costear los gastos mensuales de su hogar. Otros han parado porque se han quedado sin calzado para correr y los reemplazos ya cuestan cientos de millones de bolívares. Y otros simplemente se han quedado sin tiempo para disponer, ya que estas complicaciones relacionadas con el racionamiento de la luz, la escasez de alimentos y su elevado costo en el mercado negro, nos han trastocado el modo de vivir a todos por igual.

Antes de analizar en frío la polémica que se dio por el maratón CAF del domingo, yo puse en la mesa todas esas cartas que mencioné anteriormente; y se ve claro que los corredores de ese evento no son ningunos apátridas por solo hacer deporte en masa. Es más, me dije, ¿Quién sabe si muchos, o la mayoría de ellos, luego van a las marchas que convoca la oposición?, es algo que no puede saberse, y por lo tanto nadie puede criticarlos por eso. 

Pero también me tomaron de asalto otras preguntas, cuando analicé el deporte mismo del running desde mi punto de vista, el de corredor afectado fuertemente por la crisis que vivimos. ¿Cómo hace esa gente para entrenar?, ¿Cómo se costean unos zapatos de correr que hoy están incomprables en el mercado?; y para algunos deportistas del interior del país: ¿Cómo hacen ellos para viajar y pagarse una estadía en Caracas, con lo costoso y difícil que es conseguir pasajes de avión?.

En mi ciudad algunos grupos de trote pagaron en conjunto sus pasajes, y tal vez al por mayor hicieron menos costosa la estadía, pero en el fondo queda la misma incógnita: ¿Será que la crisis económica no ha tocado tanto a esas personas?, ¿Todavía tienen dinero para pagarse unos zapatos Addidas, Nike, A-Basics, o Saucony, especiales para estas carreras?. Más allá de la brutal inflación que hay en los precios de todo, ¿esos atletas aún tienen algo de dinero extra para permitirse esas cosas, que para el común mortal ya rozan el plano de la extravagancia?

Y por todo lo que dije antes, pensé, ¿será que pueden tener algo de razón aquellos que dicen que esos deportistas están “desconectados” – ya no a nivel de amor a la patria sino económico – de la realidad del país?.

Desde ese punto de vista es probable que así sea, porque solo alguien que tenga un ingreso de dinero bastante considerable, puede superar todas las tribulaciones económicas que vivimos y literalmente seguirse dando el “lujo” de entrenar lo suficiente y competir en carreras de esta índole, más aún si estas se dan en otras regiones del país a donde se tiene que viajar para correr.

Yo amo el running, pero en mi caso, la crisis económica y estructural del país me ha tocado. Cuando corro me alterno entre dos únicos pares de zapatos, uno viejo y otro nuevo. No hago colas kilométricas por comida, pero mi carro se quedó sin cauchos y no tengo el dinero para comprarlos, así que no puedo movilizarme como quisiera. Entrenar y participar en carreras cada año se me hace cuesta arriba, y es ahí donde no entiendo cómo hacen esos corredores del maratón CAF, venezolanos igual que yo, que enfrentan estas situaciones como yo, para superar estos problemas y continuar.

No los juzgo para nada, puesto que comparto con ellos esa pasión deportiva, y trotar no es ni de cerca lo mismo que protestar, pero la inquietud me queda abierta. Como dice el refrán del chino: “sin leal no hay lopa”, y en este país para todo se necesita dinero, y bastante. Hasta para correr.

Ellos – los corredores – son los únicos que tiene la respuesta. Ellos sabrán si para viajar y participar en un maratón tipo CAF o para comprarse unos zapatos, empeñarán joyas, propiedades o piden créditos a los bancos, o, por el contrario, solo destinan algo de sus excedentes para seguir satisfaciendo su pasión.

Me es difícil creer que la mayoría de los corredores venezolanos del CAF sean un montón de ricachones a quienes les sobra la plata; pero también me cuesta creer que sean en su mayoría corredores de medianos recursos, que hacen hasta lo imposible por estar ahí.

Puede ser que los “genios” de las redes sociales estén suponiendo lo primero cuando dicen que esos maratonistas son a la final unos apáticos para protestar. Porque solo los asumen como gente de plata. Gente que se da el lujo de salir a la calle solo a correr y no para exigir salidas al gobierno a esta crisis.

¿Tendrán razón en algo de lo que critican?, ¿Quién sabe?, algunas cosas son obvias, otras no tanto, pero como dije, la respuesta solo la saben y la llevan a cuestas los corredores, en su corazón y en sus zapatos.

Yo solo sé que correr es bueno. Y siempre vale la pena sacar el tiempo y los medios para hacerlo.


Y es todo lo que tengo que decir, acerca de eso.

viernes, 22 de abril de 2016

Nublado Futuro, Nublada Vida


Tiempo ya sin escribir, bastante tiempo sin darle a las teclas y poner por escrito la avalancha de imágenes, pensamientos e ideas que saturan – y empiezan a atormentar – mi mente. No puedo más me dije hoy. Tengo que escribir.

¿Sobre qué?, me pregunte. Y quedé en silencio, en blanco, por tanto rato que resultó incómodo. Desde hace tiempo me había hecho consciente de mi creciente estancamiento creativo, pero el estado literalmente catatónico en que me dejó esa simple pregunta me asustó. Me puso en pánico. La verdad, mientras escribo estas líneas mis manos tiemblan, de una forma casi imperceptible para cualquiera, pero es así. Lo siento en mis dedos.

¿Pero, qué es lo que siento?. ¿Que me aterroriza de esta manera inusitada?. Pues lo obvio, la genuina sensación de que me estoy perdiendo a mí mismo, de que mi propia identidad poco a poco desaparece; engullida, regurgitada y devuelta a la tierra en forma vómito, por la terrible y desoladora situación de nuestro país.

Siempre he sido un hombre silencioso, callado, de poco hablar. En contraparte, hace algunos años descubrí que lo que compensaba todo eso era la escritura. Con los años, y sin comprenderlo bien del todo, me volví un prolífico escritor de mis propias reflexiones, las cuales descargué despiadamente en este blog, a una tasa de aproximadamente 2 o más por semana, durante varios años.

Luego progresé con eso, y terminé escribiendo varios relatos cortos, y además empecé dos historias más largas que al sol de hoy no han visto final. Comprendí entonces que la escritura, al igual que el silencio, era una parte fundamental de mi mismo, como un hermano pequeño aferrado a la mano de otro mucho más grande. Y así, mis escritos terminaron siendo la prueba más clara de que lo que mi boca calla, mi mente lo grita, y mis dedos lo escriben.

Entonces, ¿sobre qué escribo?. La pregunta que me puso a temblar justo al empezar. Esa que me hace ver lo difusa que luce mi propia identidad dentro de esta realidad tan terrible. Jamás había tenido que preguntarme eso. Cuando escribía en el blog las ideas salían por si solas a borbotones, sin freno, como un mar de pensamientos, indetenibles. Hoy siento que la escritura me ha abandonado, las ideas se me enredan en la salida, y se quedan en el tintero de mi mente desolada. No me siento yo, y por segundos me pierdo, hasta en el mismo intento de armar la estructura coherente de este mismo escrito. 

¿Será que son demasiadas que no se por donde empezar?. ¿Están contenidas en un cuello de botella que se ha formado por los desperdicios de este país grotesco y deformado en el que hoy estoy viviendo? ¿O mi mente ahora solo piensa en el hoy, en el aquí, y no vuela tanto como antes?

Me he negado mil veces a escribir sobre la situación de mi país. Tantas plumas y tanta gente ha escrito sobre eso en la prensa, en blogs, y en foros, que incluirme en esa poblada descorazonada siempre me pareció más un ejercicio de morbo que de otra cosa.

Que si Ramos Allup piensa que Maduro tiene cancer, que Iris Varela llamó “Capriloca” a Capriles, que Lilian Tintori es la supuesta candidata de USA para Venezuela, que Rodriguez Torres se esta lanzando a presidente bajo cuerda, que Carlos Osorio (ex ministro de Alimentación) va a demandar a la asamblea por insultar su “honorabilidad”, y demás despreciables etc y etc, solo ayudan a aumentar la percepción de que todos, no solo yo, hemos perdido la brújula existencial.  

Hace un tiempo empecé un relato corto sobre dos chicos que aprenden sobre el significado de la muerte al encontrar un cadáver en una ladera cerca de una calle en el pueblo donde vivían. Pero todo eso me deja de importar y de interesar cada vez que leo en la prensa que han quemado vivo en plena calle a un asaltante o, como ayer, dos jóvenes hampones aparecieron muertos por disparos en Caracas, dentro de un edificio abandonado, con notas escritas en sus bolsillos con la curiosa frase: “no debo robar”.

Ante esto, uno siente simplemente que la realidad y la ficción se fusionaron en este país. Ya no se sabe si lo que lees en la prensa digital es un genuino artículo noticioso o una broma pesada de El Chiguire Bipolar, ni discernir si el criminal detrás de la muerte de los delincuentes con la nota escrita, es tan solo una poblada cansada de tantos robos, o es el mismísimo Comisario Natalio Vega (“El Hombre de la Etiqueta”), de la telenovela “Por Estas Calles”, que viajó en el tiempo como Terminator, desde el año 1992, y ahora cobra cuentas en nuestros días.

El país yace en un limbo, en una bruma descomunal que tal vez, por primera vez en la historia, nos une a todos, ricos y pobres, en un mismo sufrimiento y padecer. Mientras el mundo cuenta los días para el estreno de la nueva temporada de Juego de Tronos, nosotros contamos los días que le quedan al embalse de la represa hidroeléctrica del Guri para entrar en fase de colapso, y deba apagarse la casa de máquinas 2, lo que dejaría a casi medio país literalmente a oscuras por varios meses, y por supuesto, sin poder ver la nueva temporada de Juego de Tronos.    

El país se apaga lentamente. Hace dos semanas declararon los viernes no laborables para el sector público, redujeron la jornada diaria laboral a la mitad, y desde mucho antes hay apagones programados en todas partes del país de al menos dos horas. Prácticamente ningún articulo de la canasta básica se consigue con facilidad o a precio razonable, por lo que todo el mundo, sin distinción, debe, o hacer colas kilométricas para comprar algo a precio minúsculo, o comprar en el mercado negro lo que necesita a precios exorbitantes.

Mientras, Maduro quiere recortar el tiempo de la Asamblea Nacional; un ente que, con cada día que pasa, se convierte en el “semáforo de media noche” más notorio y vulgar de la historia contemporánea de nuestro país, porque sencillamente nadie lo respeta. A su vez, los dirigentes opositores parecen jugar al desgaste natural de Maduro, descaradamente ajenos a la contenida y creciente arrechera de la ciudadanía, que no está pensando ni en Amnistías, ni enmiendas constitucionales, sino en que este infierno se acabe, y si en el ínterin se va maduro, pues tanto mejor. 

Y tal es la desconexión de bando y bando con la realidad del país, que para muestra un botón: Hace poco pude ver en algunas calles de mi ciudad, unas vallas enormes con una publicidad que mostraba tan solo un escudo floreado en el medio de un fondo blanco. La revelación estaba arriba del escudo, donde en letras negras podía leerse: “¿No volverán?”.

El sarcasmo de la frase va dirigido al chavismo, que toda la vida se ufanó de que los partidos políticos de antaño, como Acción Democrática (AD) y COPEI no volverían nunca más luego del ascenso de Chavez a la presidencia. El escudo bajo esas letras de la valla pertenece, obviamente a AD, los adecos.

Mas allá del descaro que representa el hecho de que un partido de antaño – responsable originario del ascenso de Chavez, gracias a la ineficiencia con que ejercieron la presidencia sus dirigentes mas notorios - pague un dineral para poner vallas en la ciudad con mensajes retadores como el ya mencionado, o “Lo bueno siempre vuelve”; lo que más sorprende es lo descontextualizado que está todo el mensaje dentro de la situación tan desastrosa que estamos viviendo los ciudadanos de este país.

No es un mensaje dirigido al país, o a su gente, a todos aquellos que deseamos recuperar nuestra forma de vida, no. Es un mensaje al chavismo, y un mensaje soberbio, pues asumen que ellos, el partido AD, ya volvieron, y aunque aún no están gobernando, creen o están seguros de que lo van a volver a hacer.  

Así que es triste y desesperanzador ver lo oscuro que esta nuestro presente y las nubes tan negras que se avizoran en nuestro futuro. Porque si Maduro obra su propio milagro y permanece en la presidencia hasta el 2019, tocará de nuevo votar y elegir. Y el venezolano de a pie, el que no sabe ni le interesa saber de “pelucones” ni de “maburros”, es quien se verá ante una disyuntiva ilusoria, frente al espejismo de una decisión. Y se quedará probablemente un rato frente a la maquina de votación, con el hambre de salir de Maduro, pero con la amargura clara y refleja de no gustarle tampoco la otra opción.

Es un juego trancado, en donde nos quedaría solo una triste reflexión: 

“estamos en manos de ellos, o de aquellos”. 

Que curioso…  Las manos me dejaron de temblar.

jueves, 2 de octubre de 2014

Las Bandas Sonoras de mi Vida. Hoy: 1492: La Conquista del Paraiso


Yo inicie este blog hace 6 años, y aún no puedo creer que en ningún momento se me ocurriera hacer un post de una de mis aficiones más grandes. La colección de bandas sonoras para películas.

La experiencia de coleccionar, y por supuesto, escuchar, bandas sonoras de películas, la llevo cultivando desde hace casi 20 años; específicamente desde que mis padres me hicieron, por allá por el año mil novecientos  “no me acuerdo”, el regalo maravilloso del disco de la banda sonora original de la película “1492: La Conquista del Paraíso”, compuesta por Vangelis.


Yo escuché a Vangelis por primera vez en un álbum, o LP, de acetato, que mi papá tenía en una repisa de la sala de la casa y que llevaba por nombre “Jon and Vangelis: Private Collection”. Mi papá desde algún tiempo había visto mi afición por la música de las películas y mi tendencia hacia la música electrónica – por mi dedicación al teclado – y pensó que era conveniente mostrarme una canción de ese álbum a ver qué me parecía. La canción se llamaba “Italian Song”, y era una especie de aria interpretada por Jon Anderson (cantante de la banda inglesa de rock Yes), en un idioma incomprensible, acompañada de una armonía sintetizada muy sutil que le seguía al ritmo de cada palabra que él pronunciaba.

Aquello fue literalmente amor a primera vista. Era un tema hermoso, que sonaba como arte y parecía un poema hecho música. No me importó la voz de vieja de Jon (me costó creer que era un hombre el que cantaba porque el registro de voz era muy alto y gastado), sino la melodía detrás de su voz, cuya intensidad se acentuaba en las notas más significativas con la presencia del agudo y áspero sonido tipo flauta/corno, que Vangelis sacaba de su sintetizador preferido de la época, el Yamaha CS80, y que luego llegue a descubrir que era parte de su sello sonoro característico.

Así de un salto, pasé de esa grata experiencia a conocer de un solo golpe, y sin anestesia, el trabajo que a mi parecer era (y aún es) el más impresionante e inspirado de Vangelis. La banda sonora de la película “1492: La Conquista del Paraíso”.

Confieso que fueron dos cosas simples las que me guiaron a comprar ese álbum en la tienda y no otro. Primero, el álbum decía que era de Vangelis, y segundo porque la imagen de la carátula, con la imagen de Cristobal Colon sobre el borde de un risco viendo en la lejanía del océano a sus tres carabelas hundirse en un atardecer tormentoso, me pareció realmente sobrecogedora y hermosa.

No recuerdo bien, pero ese disco llegó a mis manos cuando tenía entre 15 y 17 años. Pudo haber sido antes, pero lo que sí se es que la película la llegué a ver casi 10 años después de oír su música. Igual o peor me pasó con Blade Runner, pero ya eso es historia para otro post.

El asunto es que, al poder escuchar la música primero que la película, no me vi influenciado por ninguna imagen, y con cada nota del score pude hacer volar mi imaginación libremente y sin límites. El resultado fue magnifico; tanto así que mi imaginación alcanzó cotas que la película no pudo y eso resultó un poco decepcionante cuando la llegué a ver finalmente.

La banda sonora comienza con un score ambiental que mezcla soberbiamente los instrumentos sintetizados de Vangelis con potentes flautas indígenas que evocan el inminente choque de estas dos culturas, la europea y la americana. El tono de “Opening” es lúgubre, tenebroso y expectante, que da paso a la mejor pieza de la discografía de Vangelis: “Conquest of Paradise”











Qué decir de esa pieza. Que lo tiene todo. Es un himno a la odisea que significó el viaje, y a la grandiosidad del propio descubrimiento de América, ni más ni menos. Es una marcha solemne que abre con la fuerza de un coro mayoritariamente masculino, que representa a la potencia europea surcando el océano atlántico hacia rumbo desconocido. Luego de unas estrofas cantadas por el coro en un idioma pseudo-latín inventado, se abre paso lo que significaría el coro instrumental de la pieza, la parte fuerte y heroica de la canción, dominada por el sonido sintetizado característico (flauta/corno ingles modificado) de Vangelis a nivel: Master of the Universe.    

In noreni per ipe
In noreni cora
Tira mine per ito
Ne domina.

Parte coral de Conquest of Paradise

El repunte potente de los timpani en cada estocada de la flauta/corno sintetizado, marca fuertemente la grandiosidad del viaje mismo, o del momento del encuentro entre los dos mundos (aunque hay una pieza especialmente referente a esa parte). Al escuchar el climax de la canción, la imagen que se viene a mi mente es la de las tres enormes naves españolas surcando el embravecido mar, indetenibles hacia su grandioso destino de hacer historia. En la canción se produce dos veces este momento espectacular y es más que suficiente para convencer de que este Vangelis, el de este disco, marcaría un antes y un después en su discografía.

Para la película, esta canción fue modificada y suavizada en su espectacularidad, pero colocada en el preciso lugar donde yo siempre pensé que estaría: en el momento de la partida desde el Puerto de Palos. Al quitarle espectacularidad a la canción, le quitaron fuerza, y la dinámica de la partida de las carabelas hacia el mar perdió algo de su encanto, a pesar de que en ciertas partes – el sol naranja de la tarde deslizándose por una ventana, mientras los marineros sudorosos hacen rugir y moverse al gran navío – el acoplamiento imagen/música es excelente. Lamentablemente la canción original, tal como Vangelis la concibió, solo se oye al final de la película, durante los créditos.

A esa pieza le sigue la majestuosa “Monastery of la Rabida”, que como su nombre lo indica, está dedicada a resaltar la solemnidad del Monasterio de la Rábida, donde mucho tiempo pasó Colón antes de su viaje. De esta pieza surge el leitmotiv musical de toda la banda sonora de la película. No solo se escucha en las partes relacionadas con los encuentros en el Monasterio, sino en casi todas las introducciones hacia las escenas que se dan en España a campo abierto (que involucran a Colon con sus hijos o su esposa, etc).











A esta pieza le sigue “City of Isabel”, una pieza muy distinta a las demás porque suena como una danza a tres tiempos, que combina los strings fuertes electrónicos habituales de Vangelis con una presencia más marcada las guitarras y mandolinas españolas. Es una pieza muy europea que casi no se deja ver en la película por ser muy puntual.

Tras ella viene “Light and Shadow”, que no forma parte íntegra de la película, pero sus pedazos se escuchan disgregados por algunas escenas en Europa. Es una marcha heroica con un coro femenino marcando el tempo sobre todos los demás instrumentos. Una flauta coquetea con el coro durante la primera parte, y luego abre paso a un segmento coral femenino muy hermoso que se acompaña de un clavicordio en su parte final.


Después viene “Deliverance”, una poderosa pieza ambiental cuyo tempo viene marcado por unas guitarras españolas desafiantes, que acentúan la sensación de tensión de estar esperando por llegar a un destino que parece negarse a ser alcanzado. La canción se escucha durante los momentos en que Colon y los tripulantes de las naves han pasado demasiado tiempo en el mar y no saben hacia dónde se dirigen o si se han perdido en el camino hacia las indias. La tensión es bien sostenida por unos strings oscuros y desoladores de los sintetizadores.

La canción cambia radicalmente hacia un punto heroico cuando entra un coro espectacular, que emerge de la nada como una especie de salvación dentro de la tormenta. En la película, Colon, al momento del motín, hace un ademán de que nada le detendrá en su intención de llegar a las Indias, y de repente, un suceso ambiental sacude a los barcos, haciendo creer a los marineros amotinados que la providencia y Dios mismo va con Colon, lo que salva al navegante de una muerte cantada y le da una cuota más de tiempo. Aunque la versión del album de “Deliverance” esta hecha enteramente para ese momento en especifico, no se utiliza de ese modo en la película y se oye ligeramente modificada.

“West Across the Ocean Sea”, es una canción hermosa cuyo protagonista dorado es una flauta profunda que marca ritmo y melodía. Como su nombre lo indica, marca el rumbo al Oeste a través del Océano, la travesía hacia lo desconocido.

Le sigue a esta pieza la preciosidad de “Eternity”, que es una de las canciones más bellas de Vangelis. En ella suenan, por primera vez desde “Opening”, las flautas indígenas en una especie de canto de cuna que luego se matiza y engrandece con una flauta preciosa que convierte a la canción en un símbolo del encuentro entre dos mundos. En la película se usa exactamente para ese momento, cuando Colon y los marineros se encuentran con la primera tribu indígena del nuevo mundo. Ambas razas se ven cara a cara por primera vez, y en lugar de haber una lucha, se producen risas entre el líder de la tribu y el almirante Colón. Esas risas, y el abrazo de hermandad entre españoles y nativos, dan paso a esta canción, durante la cual se muestra la relación de amistad que empezó a establecerse entre indios y españoles luego de su encuentro.     

 “Hispaniola” es todo lo contrario. Es una canción de lucha, una marcha de guerra. En ella, los repiques de tambor marcan un ritmo de enfrentamiento entre las flautas indígenas y una voz masculina con marcado estilo flamenco. Posterior a la entrada de la canción, la marcha se refuerza con un potente coro de voces mixtas. Por su intensidad, y por ser la canción más representativa del conflicto que plantea la película, “Hispaniola” fue la elegida como la canción de entrada del film, y es la única pieza que suena completa sin interrupciones. La mejor elección de Ridley Scott para arrancar su épica.

A esta canción le sigue una muy misteriosa y oscura llamada “Moxica and the Horse”, que, cuyo nombre lo indica, está dedicada al personaje histórico Adrian de Mujica (Moxica), principal antagonista de Colon, cruel y despiadado representante de la nobleza española en las indias.  Obviamente la canción es una pieza de mucho portento español, por la fuerte presencia de las guitarras con rasgueos flamencos y una voz masculina haciendo gemidos penetrantes en toda su duración. También se dejan oír algunas flautas indígenas en tiempos cortos pero con mucha fuerza, recalcando la tensión del conflicto social que Mujica estaba creando entre indios y españoles, al abusar salvajemente de los primeros. En la película, la canción se oye en las escenas más intensas que involucran a Mujica, interpretado por Michael Wincott, un tipo que toda la vida ha hecho de malo en sus películas. 

El personaje de Mujica es particularmente interesante porque, además de representar a la casta española más pura y salvaje, representa las verdaderas intenciones españolas sobre las islas descubiertas. Colon siempre queda ante Mujica como un mero titere del imperio español, y el noble larguirucho se lo demuestra claramente en cada discrepancia que tiene con el genovés. La declaración final de Mujica viene durante una escena muy importante, donde el noble es acorralado ante un barranco por un grupo de españoles que lo perseguía por haber prendido fuego a una casa de gobierno durante la rebelión de Francisco Roldan en 1499. Justo antes de lanzarse a un barranco, Mujica le dice a Colon: “Tu y tus hermanos, nunca heredaran sus títulos, ustedes no son nada. Nosotros lo somos todo”, quedando bien claro quienes eran los que en verdad mandaban sobre todo aquello.

Luego de esta canción vienen las dos piezas finales del disco que se diferencian del resto por ser muy, según mi criterio, demasiado Vangelis. En “Twenty Eight Parallel”, Vangelis suelta su imaginación, dejándose llevar por su estilo musical del momento y combinándolo con una versión a piano de la emblemática “Conquest of Paradise”. Una canción hermosa por demás pero que no aparece en ninguna parte de la película.

En “Pinta, Niña, Santa Maria (Into Eternitiy)”, que tampoco salió en la película, el viejo griego va un poco más lejos y compone una pieza enteramente electrónica, sazonada con algunos de los sonidos étnicos escuchados en las otras piezas del álbum. Con ésta el barbudo literalmente se suelta el moño y nos deja una joya de 12 minutos de duración de pura calidad nivel Vangelis, o sea, maestro de la música electrónica. En ella juega con algunas notas de “Monastery of la Rabida” y nos lanza la artillería de los mejores sonidos electrónicos de su tiempo, para luego darnos la dosis final de épica con “Eternity” nuevamente, y cerrar redondo el que, para mí, es el mejor álbum y la obra maestra de Vangelis.

Recomendable este álbum para todo el que ame la música instrumental y electrónica. Habla por si solo y a mi parecer nunca necesitó de la película para sobresalir como la magnifica obra que es. Por su parte la película es muy buena también, pero las imágenes casi nunca le hacen justicia a la épica o espectacularidad evocada por su música. Se queda atrás de la partitura y eso siempre me dejó un mal sabor de boca.

La cuestión es que ciertas canciones no están hechas para ser puestas en imágenes sino para ser imaginadas y sentidas, y por eso es que Vangelis está en un plano muy diferente a un John Williams o un Hans Zimmer.

Y helo aquí, mi primer análisis a fondo de una banda sonora. Voy bien… pues adelante.

viernes, 19 de septiembre de 2014

Lánzate, que no esta fría

De niño pasa muchísimas veces. Un montón de muchachitos se arremolinan a la orilla de una piscina con el espejo de agua impoluto, porque nadie se ha atrevido a meterse en ella desde el día anterior. Están todos ahí porque es una fiesta, con piscinada incluida, pero, por una extraña razón, han pasado casi 30 minutos, todos los niños están vestidos con sus trajes de baño, pero absolutamente nadie ha chapoteado el agua.

¿Por qué pasa esto?, porque nadie quiere ser el primero en joderse, ya sea ahogándose por lo hondo, cogiendo una infección por lo sucio, o quedar tullido por el frío del agua del estanque. Todos quieren saber lo que pasa con el primero que se lance, para luego ellos, en manada, seguirle en la diversión.

Por supuesto, al primero nadie lo elige. La situación que se presenta es de lo más extraña porque, mientras nadie se atreva a sacar la cara, la muchachada permanecerá estúpidamente parada frente a una piscina sin tocarla, en una fiesta con “piscinada”. Y ahí pueden quedarse hasta que termine esa fiesta.

Pero siempre puede más la emoción y es cuestión de tiempo que alguien salte. Todos los muchachitos se van a mirar a la cara unos a otros buscando el rostro del más huevón de todos ellos, para luego respirar aliviados cuando el susodicho decida dar el paso al frente.  

¡Chuplún! Listo. Ahí se terminó la tensión y comienza la diversión. Y los padres de esos chicos pueden llegar a pensar que esas tonterías son cosas de niños, pero se equivocan. También son de adultos, y sí, nos vemos igual de estúpidos haciéndolo, y hasta peor porque somos “adultos”, Dah!

En mi conjunto residencial pasó un evento que generó una parálisis colectiva similar a la que sufren los chicos frente a una piscina que nadie ha tocado. Tocó renovar la Junta de Condominio,

Si hay algo más incomodo que vivir en comunidad con gentuza, cuya calidad humana apesta como la caseta de la basura, es tener que verse un día a las caras y elegir de entre ellos a los representantes legales del conjunto. Para semejante misión, reunieron a todos los vecinos que pudieron en la plaza principal del conjunto.

La junta de condominio es como la versión repulsiva, sucia y adulta de la piscina infantil del ejemplo que di antes. Y en esta comparación están las diferencias. En el ejemplo de los niños todos querían lanzarse pero tenían miedo, mientras que a la asquerosa piscina del condominio nadie quería saltar, pero alguien tenía que hacerlo.

Cuando la anterior junta de condominio anunció que debería elegirse en ese mismo momento una nueva junta, la reacción de todos los vecinos fue una fotocopia de la de los niños de la fiesta. Así, nos vimos todos parados ante la abismal pileta de mierda con la misión de elegir a siete representantes (uno por torre), para conformar una nueva junta. Pero nadie podía ser elegido a dedo, había que echarse a la mierda de forma voluntaria.

Y en ese momento todos volvimos a nuestra niñez.

El silencio en el recinto fue sepulcral, pero la gente no paraba de mirarse las caras, como buscando al héroe que alzara su mano y aceptara ser el representante de la torre que les correspondía. Minutos antes nadie quería verle la cara a nadie, pero ante la magnitud del embrollo, ya todos empezaban a parecer simpáticos.

Igual que en la piscina de los niños: “Anda tírate tu”, “dale que tu puedes”, “lánzate que no está fría”, “yo no se nadar”, etc. Antes del primer salto nos caemos bien todos, luego de eso, si te he visto no me acuerdo. Sobraban las simpatías y sonrisas  nerviosas para sacarse el despreciable compromiso que teníamos todos encima. Yo, como siempre, no sonreía.

“Alguien que le eche bola”, fue una expresión que sonó en la reunión, que fue un calco del grito típico de los niños frente a la fría piscina. Pero no tuvo resultado. Nos seguimos mirando por un rato frente al sucio pozo de la junta de condominio, y muchos debieron haber deseado que hubiese habido niños jugando por las cercanías, que rompiesen, con sus gritos, el silencio asfixiante de la incomoda reunión.

Al rato salió un varón, y detrás de él, otros con menos ánimos. Pero no se contagió la emoción y quedó una torre sin representante, y al menos otras tres con representantes a regañadientes. Fue muy poco lo conseguido, y los representantes principales del condominio terminaron siendo los bebedores de licor más irrespetuosos de todo el conjunto. Pero al menos se logró romper el silencio espantoso que había y, por supuesto, luego apareció la camaradería fingida y la echadera de broma entre los vecinos por la elección de la nueva y flamante junta. Igual que en la piscina de los niños, luego, si te he visto….

Es un alivio liberarse de ese tipo de tensiones que nos da el esperar que alguien tome la decisión de dar el primer paso, pues así somos los que seguimos y no lideramos. Nos la damos de vivos creyendo que con el primero que se lance nos beneficiamos los de atrás. En algunos casos, el juego de la piscina nos puede salir como un tiro por la culata, como pasó con nuestro condominio, que puede haber caído en manos equivocadas, ante las risitas cómplices del resto de los vecinos que estuvimos en la reunión.

Porque cuando ya hemos dado el salto, y ya estamos hasta el cuello de mierda, claro que podemos reírnos un segundo e irnos luego cada quien por su lado, chapoteando inocentemente como niños en una piscina. Podemos hacerlo porque, por lo menos, ya la cagamos saltamos.  

Escriba, que algo queda...

He tenido algunos años de pausa creativa. Este blog y su último post son muestra viva de ello. Lo dejé todo a un lado por no encontrar sentido al escribir y no tenía ni un objetivo o un fin concreto. En aquel año tenía ganas de trascender, de ser leído y comentado frecuentemente por mis amigos y lectores fugaces, pero no recibía el feedback esperado.

Creo que en aquel entonces extravié el sentido de lo que hacía. Al principio lo hice para mi mismo, como una especie de catarsis o comunión con el montón de ideas que me fluyen siempre por la cabeza, pero luego convertí el asunto en algo para los demás, para que fuese leído y reconocido por otros, y eso, por supuesto, no pasó. Los blogs están en su mayoría llenos de cosas bastante personales de sus autores, repletos de artículos de opinión, no aptos para todos los públicos. Pero no lo entendí por aquellos tiempos.

En el tramite de estos años me he vuelto padre; tema que podría haber generado un montón de posts de amor paternal; hice un viaje maravilloso a la Patagonia Argentina y al Fin del Mundo cerca del polo sur; me compre mi apartamento y me mudé de mi ciudad, alejándome de mis padres y toda familia cercana; me volví definitivamente un Ateo confeso; y muchas otras cosas más de las que no me acuerdo. En resumen, tuve mucho material para explotar, contar, relatar, y sobre el cual escribir pero, por mi depresión creativa, lo he dejado todo en el tintero. Lamentable.

Ayer me metí en este blog, como quien visita en el cementerio la lápida de un familiar muerto hace años, y releí uno de mis viejos post al azar. Fue una experiencia jocosa, simpática, y muy sentimental, el leer los pensamientos que tenía yo (o mi otro yo)  para que fuese leído y reconocido por otros, y eso, por supuesto, no pasó. Los blogs están en su mayoría llenos de cosas bastante personales de sus autores, repletos de artículos de opinión, no aptos para todos los públicos. Pero no lo entendí por aquellos tiempos.

En el tramite de estos años me he vuelto padre; tema que podría haber generado un montón de posts de amor paternal; hice un viaje maravilloso a la Patagonia Argentina y al Fin del Mundo cerca del polo sur; me compre mi apartamento y me mudé de mi ciudad, alejándome de mis padres y toda familia cercana; me volví definitivamente un Ateo confeso; y muchas otras cosas más de las que no me acuerdo. En resumen, tuve mucho material para explotar, contar, relatar, y sobre el cual escribir pero, por mi depresión creativa, lo he dejado todo en el tintero. Lamentable.

Ayer me metí en este blog, como quien visita en el cementerio la lápida de un familiar muerto hace años, y releí uno de mis viejos post al azar. Fue una experiencia jocosa, simpática, y muy sentimental, el leer los pensamientos que tenía yo (o mi otro yo) cuando era más joven. Al terminar de leer me dije a mi mismo: “si no hubiese escrito esto, se habría perdido en el tiempo, no habría quedado nada para nadie, ni para mi mismo.”

Fue entonces que decidí pasar la página y olvidarme de trascender. Ahora, necesito volver a los orígenes y de escribir nuevamente para mí. Tomo como guía creativa la frase que da título a este escrito: “Escriba que Algo queda”, y por supuesto que sí, siempre queda algo. Que lo digan el montón de post que escribí desde el 2008 hasta el 2010, y se lamenten aquel montón de post que nunca vieron luz desde el 2010 hasta el presente.

Lamentablemente, aquellos fueron pensamientos e ideas que, – tomando las bellas palabras del monólogo final de Rutger Hauer en Blade Runner – “…se perdieron en el tiempo, como lágrimas en la lluvia”. Ya no más.  

Por lo tanto, desde hoy, tengo el orgullo, y la meta personal de rescatar del olvido a estas Realidades y Reflexiones que siempre han formado parte de mí.  

Empecemos...