lunes, 3 de agosto de 2009

El Morbo de la Discordia

Esta es la historia de un personaje muy peculiar que alguna vez formó parte de la familia Guerra-Tovar y que, allá por los años de tanananá, fue protagonista y fomentó uno de los problemas más importantes que se hayan producido dentro de la gran familia de los Tovar. Generó disputas, confrontaciones entre hermanos, referencias sádicas y sexuales además de bromas y chistes de mal gusto solo por su inocente mirada, sus manos juguetonas que daban la impresión de ir hacia otro lado y su extraña carencia de pantalones y ropa interior lo que, en resumidas cuentas, fue el principal detonante de la gran guerra psicológica desatada en la familia. Su nombre de pila: "Fernandito".

Fernandito Guerra Tovar apareció por primera vez en la familia más o menos por el año 1986 y fue bien recibido por el cúmulo familiar de los Guerra-Tovar como el tercer hermano varón del pequeño círculo familiar. Midió menos de 30 cms y tenía cabello amarillo, ojos negros sobre una cara redondeada y sonrozada, con una sonrisa infantil de aquel que no es capáz de romper un plato. Desde chico se vistió con un sueter manga larga color rojo y ese fue el único atuendo que usó en su larga y accidentada vida. Pues Fernandito jamás supo lo que eran las reglas de etiqueta ni como se ponían los pantalones y por lo tanto, decidió andar rueda libre de la cintura para abajo sin que hubiese por ello mayor molestia que el rebote de "aquello" al trotar o su reducida dotación hasta ya bien entradito en años.

Pues bien, Fernandito (alias El Sádico en los bajos fondos), siempre vivió de esa manera y ello nunca molestó o inquietó a los demás integrantes de la familia Guerra-Tovar. Era el hermanito enano, el diminuto con cara regordeta que ayudaba a dormir a mi hermano con una sonrisa en la cara, o mostraba su disgusto frunciendo el ceño cuando algo no le hacía gracia. Y si algo se podía destacar de Fernandito Guerra es que en los momentos más difíciles de su vida jamás frunció el ceño y siempre mantuvo su rostro inocente ante la mirada despreciable y burlista de los prejuiciosos. Jugaba con muñecos de menor talla que él pero de apariencia más cuidada y seria, sin ninguna clase de complejos o temores por andar rueda libre ante la sociedad.

Con el paso de los años, Fernandito se convirtió en el amigo inseparable de mi hermano menor, Goyo. Con él dormía, se bañaba y salía a todas partes sin que eso tampoco generara molestias dentro de la familia Guerra. Los problemas llegaron cuando el hermanito menor de los Guerra hizo su aparición ante el resto de la familia. No recuerdo si el día del encuentro se produjo una revuelta, pero sí se que las fuertes críticas empezaron a aparecer. Que si Fernandito esto, que si Fernandito aquello, que por qué ese niño andaba a la intemperie, que por qué bendita razón no usaba interiores, que para adónde le apuntaban las manos, que si lo que quería era quitarse la camisa por siempre estar a la defensiva, que por qué lo tenía chiquito o por qué tenía más pelo que tamaño, o que por qué no mostraba las nalgas o acaso tenía algo que esconder, que por qué esa mirada inocente cuando sabía bien lo que estaba haciendo, por qué, por qué, por qué era ese niño el mejor amigo de Goyo?.

Los Juicios contra Fernandito por Nudismo Descarado comenzaron de inmediato. Algunos familiares lideraron la casería de brujas mientras otros lo secundaban. Se le acusó de desacato a las reglas de etiqueta de no usar pantalones mientras se está jugando con los G.I Joe o los Transformers, y de mezclar bolas con balas durante los juegos infantiles. Además, se cuestionó seriamente su condición de nudista nato acusándole también de fomentar la homosexualidad en el hermano menor de los Guerra. La más seria de las acusaciones.

Pus sí, se decía que Fernandito era Gay por andar semidesnudo y porque, según sus acusantes, las manos del niño siempre andaban merodeando zonas que no debían. Mi madre, la mayor defensora deFernandito, alegó que aquello era absurdo y que las manos del niño estaban en otro lado, etc, etc. Esta acusación nunca fue esclarecida porque faltó hacer la toma de huellas dactilares de Fernandito en su "coso" y medir la distancia a la que se encontraban las manos del muñeco para ver si sus intenciones eran literalmente "meterse mano".

Los juicios sexuales se intensificaron cuando se dijo que el miembro del muñeco estaba parado y que eso mostraba cosas de tipo sexual que fomentaban la homosexualidad en mi hermano, y en cualquiera que lo tocase. El hecho es que se comprobó que jamás Fernandito fue utilizado por absolutamente nadie para juegos como "sóbalo que te da suerte" o cosas por el estilo. Al parecer, el morbo desmedido de los acusantes fue mucho más allá de los simples deseos de juego de un niño de 2 o 3 años, que sólo se preguntaba por qué todo el mundo quería que botaran a su hermanito menor.

El climax de la disputa llegó en un viaje que se hizo con toda la familia y al que por supuesto Fernandito asistió. Algunos familiares burlones decidieron acabar con la vida del menudo de los Guerra, luego de ver que las acusaciones en su contra no surtían efecto sobre el deseo de mi hermano de seguir jugando con él. Lo tomaron a escondidas y lo botaron detrás de un corotero en un descuido de mi mamá. A la hora de dormir, mi hermano preguntó por Fernandito y mi mamá, al ver que no estaba armó la tángana. Mi mamá amenazó a todo el mundo y los acusó de responsables por la desaparición de Fernandito, y les dijo que si el secuestro no terminaba a la mañana siguiente, nos iríamos de ahí sin dar más explicaciones. El personaje apareció magicamente al día siguiente puesto sobre algunos corotos y como santo remedio, jamás se volvío a mencionar el tema de Fernandito "el sádico".

La vida continuó y como era de esperarse, mi hermano al crecer se despidió de su hermano de la infancia, su compañero, su muñeco adorado que tánto compartió con él y tan lejos le acompañó. Ambos crecimos y Fernandito, el menor de los Guerra, el muñeco de la discordia, pasó a ser un adorno perpetuo en una repisa de una de las bibliotecas de casa. Aun conserva la inocencia en su rostro y el nudismo del cual siempre hizo gala, y siempre está presente como recordatorio de que a veces los adultos estamos tan llenos de ideas erradas y morbosas, producto de una sociedad prejuiciosa y endemoniada hasta la médula, que somos incapaces de reflejarnos en la mente de un niño para por lo menos ver cuáles son sus verdaderos intereses. Juzgamos por como los demás lo hacen y creemos cosas que tal vez solo están pudriendose dentro de nuestra propia mente.

El tiempo absolvió a Fernandito de todos los cargos. Se crearon las leyendas urbanas en torno a su figura: "Desapareció en el mar", "fue prendido en candela", "se declaró agente libre y nadie lo volvió a ver", "lo lanzaron de un barranco" o "lo descabezaron y caparon", además de muchas más. Pero el chico sigue en la repisa, y tal vez el famoso niño nudista algún día sea el centro de mesa de alguna reunión familiar, lo que traería para muchos el recuerdo de lo bueno o lo malo de su existencia. Y al verlo todos comentarán, y tal vez algunos puedan ver que los ojos inocentes de Fernandito siempre han querido decir que la inocencia solo forma parte de la niñez y que, en la cara de un muñeco siempre podrá estar reflejada, pero desafortunadamente en los adultos no.

viernes, 24 de julio de 2009

Confidente Soledad


Era uno de esos días en los que no estaba pensando en la inmortalidad del cangrejo por la cantidad de oficios que el trabajo me proporciona, cuando de regreso a mi hogar en mi acostumbrado viaje de una hora, salió a relucir entre mis compañeros de viaje una conversación sobre la posibilidad de que existan personas que no se comuniquen con nadie, que prefieran la soledad y que disfruten el vivir de esa manera. Somos cinco las personas que vamos en ese carro y tres de ellas aseguraron de inmediato que no es posible que el ser humano pueda existir en total soledad física y de pensamiento. Los otros dos restantes eran el que trajo el tema a la mesa de discusión, el cual aseguraba que ello era posible, y yo, que como típico librano que analiza demás antes de hablar, salvé mi voto y de momento no dije nada.

Tal vez porque nuestras típicas conversaciones de viaje no llegaban nunca a hondar temas demasiado profundos, o porque seguramente mi mente estaba en ese momento en otro lugar (tal vez en casa), no me di cuenta de que la conversación de mis compañeros se había tornado interesante y estaba rozando un tópico de mi particular interés. La soledad.

Mi compañero y único defensor de su teoría decía que un amigo suyo (o amigo de su amigo, creo que la conversación la agarré desde ahí), disfrutaba sobremanera el hecho de vivir solo. Era un hombre mayor y divorciado, que disfrutaba el hecho de no compartir su cama ni su vida con nadie, le encantaba andar solo, y pasar su vida de esa forma, como un “alma libre” sin ataduras. Mi compañero defendía su teoría como si fuese propia, tal vez porque el mismo es bastante dado a la infidelidad y como hombre preparado para un golpe mortal por una mentira descubierta, tal vez había vislumbrado en algún momento su futuro en soledad. Los tres detractores, que dada la casualidad eran todas mujeres, defendían la versión de que nadie en este mundo puede vivir así. Una o dos de las tres no estaba segura si el termino “puede” era más adecuado que el “debe”, pero la más clara de ellas defendía su tesis diciendo que el ser humano no puede jamás vivir así porque eso no está en su naturaleza, puesto que el hombre fue hecho para comunicarse y vivir en sociedad.

A esas alturas estaba la conversación y yo todavía estaba pensando qué decir porque, a diferencia de mis compañeros, estaba analizando ambas caras de la moneda antes de tal vez emitir una opinión intermedia en el asunto. Estaba claro que el término “alma libre” formaba parte de un deseo muy personal de mi compañero masculino de que el otro término “soledad” sonara más bonito dentro del antepuesto “divorciado”. Pero había cosas ciertas en lo que decía: Existen personas así. Por otro lado, las chicas, influenciadas negativamente por esa supuesta “alma libre”, soltaban también sus defensas, bastante débiles, pero con algo de cierto también: La naturaleza del hombre es vivir en sociedad y fuimos hechos para comunicarnos entre sí.

Pero las chicas habían cometido el error de utilizar el “puede” en lugar del “debe” al decir que personas así no pueden existir. Execraron el dicho de que “de todo hay en la villa del señor” y optaron por negar la posibilidad de que los solitarios por naturaleza pudiesen existir. Así que la discusión solo trató sobre la probable inexistencia de gente así, y desdeñó la enmarañada y, a la postre, más interesante trama de por qué pueden existir personas así. Por lo que el asunto solo quedó en un “Yo si creo que existan” y en un “Yo creo que no”. Ante eso solo pude responder: Yo si creo que hay gente así.

Pero mi mente no se quedó ahí. Prosiguió con la discusión íntima del por qué existen los solitarios si en verdad estamos hechos para relacionarnos. Por qué alguien prefiere abstraerse del mundo para vivir en solitario cuando hay tanta gente con quienes compartir. Irónicamente, al decidir discutir conmigo mismo el tema que en grupo no habíamos continuado, estaba asumiendo una posición de una persona particularmente atraída por los pensamientos en soledad. Por eso en ese momento dejé de pensar y cambié el tema.

En mi infancia, yo viví solo cuatro años de mi vida como único hijo y el resto de ella, de alguna forma u otra la he vivido acompañado de personas. Sin embargo, aún siendo adulto mi relación con estas siempre ha sido limitada y definida por tiempos o ratos muy cortos de socialización, ligados con largos períodos de distanciamiento o abstracción. Podría decirse entonces que soy un solitario? No lo se, tal vez es una parte fundamental de eso que llamamos “vivir en soledad”. Un solitario en potencia podría ser?. Para poder vivir en soledad, se debe poder vivir con algo menos que tus propios pensamientos, y tolerar la inexistencia de otros con quienes poder conversar. Entonces aquellos que pueden (o prefieren) desentenderse del mundo, logrando vivir a gusto con sus propios pensamientos, somos entonces unos “solitarios potenciales”?

Posiblemente, pero vivimos en sociedad. Nuestra mente se abstrae pero no somos solitarios. Nos gusta la compañía y muchas veces compartir con otros lo que nuestra curiosa mente es capaz de pensar durante momentos a solas (léase pues este blog por ejemplo). Somos potenciales porque nuestra mente al menos es capaz de vivir a solas, y muy importante, ese es el grado de soledad en el que nos gusta vivir.

Yo creo que la soledad va por grados y por gustos, y todo parte de la disposición de nuestra mente a estar solos. Dicen que la soledad para muchos es el despertar creativo. Que en los ratos a solas se han creado libros, novelas, obras maestras, sinfonías, y demás solo por el encuentro de cada uno con las ideas en su mente. Y es que en verdad, el mundo a veces es demasiado ruidoso.

Están aquellos cuyo grado de deseo de soledad es muy alto y se separan del mundo, yéndose a vivir lejos de la gente a un rancho o a las montañas, sin oportunidad de hablar con más nadie que con el viento. De buenas a primeras hablar con el viento suena estúpido, pero si uno se traslada a la mente de una de esas personas, es posible entender un poco lo que desean. Pienso que estas personas no desean compartir con otros humanos, ya que su plano es tal vez superior. Desean compartir con la naturaleza, con la tierra o más allá, con el Universo. Están entonces locos? Para nada, son tal vez las personas más felices del mundo, solo que simplemente comparten pero no con nosotros.


Creo que el ser humano no solo está hecho para vivir en sociedad y relacionarse con otros. Pienso que el ser humano está hecho para vivir de cualquier manera, conviviendo ya sea con sus pensamientos, con objetos, animales o con la naturaleza. Eso no podemos evitarlo. Creo que es cuestión de percepción y gusto de cada quién el convivir con lo que mejor le parezca.

Cuando pensaba sobre el tema en el carro, por un segundo me vino a la mente la imagen del Naufrago. Un hombre de sociedad, lleno de tareas y relaciones con otras personas que de repente se vio perdido en una isla por 4 años. Era un hombre de cálculos, de números y de mucho hablar. Su naturaleza era esa. La isla lo convirtió en un ermitaño sin quererlo y para eso tuvo que adaptarse. Fue una situación de soledad obligada que debió asumir a su manera para no enloquecer. No era un hombre espiritual, ni naturalista, era un hombre de contratos, relaciones y de tiempo. No era su deseo desaparecer de la sociedad. Por eso, para mantener su estilo de vida y no enloquecer, tomó una pelota de voleyball, le dio nombre y la convirtió en su mejor amigo. Primero él solo le hablaba a ella, pero luego con el paso de los años él aprendió a que ella le contestara. Aprendió a vivir con sus pensamientos de la manera más astuta. Se mantuvo de igual manera calculando los meses del año en una piedra y los metros de cuerda y palos que necesitaría para escapar de ahí. De otro modo habría enloquecido.

Es que no todos están hechos para vivir a solas, y cuando son puestos en esa situación, tienden a desesperarse al extremo de enloquecer. Me pregunto, cómo actuaría mi hermano si de repente lo sacase de su ajetreado trabajo en Caracas y lo encerrara en su cuarto aquí en mi aburrida ciudad?. Creo que se volvería loco porque la soledad para él es inaceptable. En cambio para mi es fuente de inspiración.
No es que este sea el caso, pero existen aquellos que están tan in en nuestro mundo que una bolsa plástica volando acariciada por el viento es simplemente eso: una absurda bolsa, pero hay otros que ven en la bolsa la cosa más bella del mundo por significar aquel inalcanzable anhelo del ser humano de poder ir y vivir como una simple hoja acariciada por el viento, libre, y solo este hecho para ellos es reconfortante. Como bien he dicho antes es cuestión de percepción. Sin duda hay aislamientos que son nocivos producto de una percepción enfermiza de la sociedad pero, la soledad, cuando es realmente disfrutada, resulta ser la puerta a un mundo mucho más amplio que el que estamos acostumbrados a ver.

jueves, 4 de junio de 2009

El Beneficio de No tener Luz

La temporada de lluvias de este año ha llegado, lo pude comprobar el día de ayer por la tarde cuando venía con mis compañeros de viaje hacia mi casa, y a más de 10 Km de la entrada de la ciudad una tormenta de gran magnitud arropó todo el horizonte. Tenía tiempo que no veía una lluvia cerrada así, lo que es señal de que el invierno ha llegado.

Cuando llegamos a la ciudad ya era de noche, y como es común, cuando las ciudades tercermundistas no están preparadas para imprevistos de ninguna clase, empezaron a verse las primeras fallas de luz tanto en el alumbrado de las calles como de las casas. Con cada trueno, un apagón por algún sector. La ciudad debía parecer, vista desde el cielo, un arbolito de navidad con luces intermitentes. Fulminantes subidas y bajadas de luz acompañan a estas típicas tormentas de invierno tropical, y hacen que todo lo que sea eléctrico se joda o se ponga a punto de joderse.

Al ver como se iba la luz por todos lados, inmediatamente intuí que mi casa no iba a ser la excepción, porque la luz siempre se ha ido de golpe por minutos, y siempre ha pasado sin que haya lluvia. Al llegar confirmé lo que pensaba porque vi todo a oscuras. Mi mente, puesta en automático, venía pensando en que al llegar lo primero que haría sería acostarme a ver televisión. Televisión?, o sea, aparato, enchufe, corriente, LUZZZ. Me jodí.

Incapaz de cumplir con mi rutina diaria después del trabajo, me puse a pensar, como otras veces, en cuán conectado está uno con los aparatos eléctricos, que llega a sentirse hasta impotencia de no poder hacer nada porque la electricidad simplemente le domina el mundo a uno.

Y mi rutina no es nada campestre: llego al televisor, o en su defecto, al computador cuando Mila está usando el primero. Una vez que suelta el TV, cambio de un aparato a otro o simplemente me alterno entre los dos. Cuando ambos están aburridos para mi, enciendo un rato el xbox , o en el caso menos común, enciendo el piano y lo conecto al computador para ver que me sale. Bajo estas costumbres, totalmente enchufadas, no es de extrañar que el mundo se me venga abajo cuando no hay luz por falta de distracción post laboral. Obviamente se nota que no tengo hijos verdad?

Sin embargo, la difícil tarea de llegar a casa bajo la fuerte lluvia, me dio más cansancio de lo esperado y solamente esperaba ver la tele. Negativo. Simplemente me resigné a no tener mi dosis del día, y fui a sentarme en la sala de la casa (donde hace menos calor), bajo la luz de una vela, a esperar que llegase la luz (si llegaba), acompañado de mis abuelos y Mila.

Qué tiempo tenía sin hablar con ellos?. Vivimos en la misma casa y sentí que tenía semanas sin mediar palabra con ninguno. Yo soy uno de esos especimenes que vive y muere por los aparatos electrónicos, por la tecnología y los avances, que llega a aislarse del mundo por sumergirse dentro de la distracción moderna de los perolitos y medios actuales de comunicación e información. Me olvido de todo y de todos, la curiosidad por la cultura general es prácticamente mi vicio, y es satisfecho a través de la Internet y la tele, sin mencionar que soy fanático de los videojuegos de adultos. Por lo tanto, fue impactante para mi saberme tan desconectado del entorno familiar por pasármela tan enchufado del entorno mundial.

Con el cordón eléctrico roto, me dispuse a conversar amenamente con mi abuela y mi esposa de las cosas más variadas del quehacer diario. Y se habló de todo: Remembranzas del pasado de mis abuelos; recuerdos de cuántos perros mi abuela había criado y matado en toda su vida; de cómo vi morir a mi heredero, el loro ´Roberto´, después de un día de agonía; de la fuerza y el poder de los rayos y de cómo casi toda mi familia muere fulminada por una centella, que cayó cerca de la casa cuando todo el mundo estaba dentro; de mi bisabuela y su nueva costumbre de hablar sola y repetir las cosas que dice más de 10 veces como si fuese un reproductor de discos de acetato pegado; el miedo de mi abuela a que mi abuelo, después muerto, empiece a salir como espanto rechoncho a reclamar el corotero que guardó durante su vida y que jamás usó; de lo botarata y descuidado que era mi difunto bisabuelo materno que acostumbraba a prestar dinero a la gente sin otra garantía que la palabra de caballero o una letra firmada que a la postre no valía nada; de la llegada del temido virus A(H1N1) a Venezuela y los riesgos de que exista gente infectada en Guayana, etc, etc, etc, y muchísimos más etc.

Nos pudimos reír un mundo, bajo la luz de las velas y hablando pistoladas. Sin luz y con calor. No me hizo falta durante ese rato ni la tele ni el PC, ni el Xbox ni el piano. Prácticamente fue un beneficio la falta de luz porque me puso en contacto con mi gente, y me recordó que también es bueno charlar un rato con los seres querido. Especialmente con los más viejitos, porque son joyas que hay que aprovecharlas mientras están con nosotros. La luz llegó a las 10 de la noche y lo único que me molestó fue el calor. Puedo decir que fue una noche especial y poco común, totalmente Unplugged y llena de risas y anécdotas, igual que un día de campo, bajo la luz de la luna, lejos del ruido de la ciudad y los incompresibles avances de la tecnología moderna.

Caraduría Religiosa

Sabado: 8:30 am, suena el teléfono ferozmente. Numero desconocido, no contesto, es alguien molestando, no. Dos minutos después, suena el teléfono de nuevo y la insistencia me hace pensar que es Mila tratando de contactarme. Contesto. No era ella. Era un amigo con una propuesta indecente, pidiéndome un favor poco común e inesperado a las 8:30 am de un sábado: Epa chamo, quieres ser mi padrino de Confirmación?.

Confirmación?? Eso no lo hacen los niños?? Revisé mi archivo mental y somnoliento de lo que era eso en la religión católica, y mi respuesta inmediata fue: Te vas a casar el mes que viene y no te has confirmado?? DIOS!!. Quería colgar el celular de sopetón pero ya había atendido y entablado una jocosa conversación con el hereje en cuestión. Le pregunté a qué hora era y me respondió que a las 9:00 am. Marisco son las 8:30 am, estas loco??. Déjame ver como hago, nos vemos, y tranqué.

Una vez, hace mucho tiempo fui bautizado por la iglesia católica cuando tenía más o menos 1 año de nacido. Mis padrinos, a quienes recuerdo solo por fotos, me “echaron el agua”, y el padre, el cual mucho menos recuerdo, me santificó poniendo mi cabeza en remojo, o algo así. No recuerdo nada de eso y por eso bromeo con ello como si eso jamás hubiese pasado.

Sin ninguna clase de voluntad propia, fui llevado a una iglesia frecuentada por mis familiares por su tradición católica, y fui bautizado en el rito de esa religión. Años después, muchos después, luego de mi Comunión, extrañamente le perdí la fe y la confianza a una iglesia que no llenaba mi espíritu y más bien me hacía sentir vacío al salir de ella. No pienso criticar a la Iglesia Católica ni detallar en el porqué le perdí la fe, pero el hecho es que abandone aquel compromiso que una vez asumí sin mi propia voluntad.

Por ese traspié que a veces la iglesia católica se da con sus propios feligreses, y por el creciente número de personas que se van al exilio de esa religión (y muchas otras) sin decir por qué, el medio creó un rito que viene justamente después de la Comunión llamado Confirmación, que busca establecer una especie de orden entre los que se quedan y se van de la religión católica, permitiendo a los que se quedan, continuar con el siguiente rito que es el del Matrimonio por la vía y derechos propios de los católicos.

Yo jamás me confirmé, porque con total sinceridad les dije a mis padres que no quería hacerlo. Ellos entendieron fácilmente porque tampoco se consideran unos católicos per se. Llevan la creencia y el amor por Dios y Jesús según las enseñanzas de la iglesia católica, pero tienen una forma de pensar hacia los procedimientos de ésta que los han alejado de los templos y los han puesto a creer en un Dios más íntimo, más personal. Esto los ha vuelto una especie de renegados de la iglesia católica, por lo que entonces yo no esperé mucho e igual los seguí.

La vida me colocó por delante a mucha gente con creencias religiosas muy arraigadas y diferentes a las mías, lo que me puso al tanto de la gran diversidad de religiones y pensamientos, y me hacía sentir como un náufrago en una isla desierta porque no me podía encontrar en ninguna de ellas. Sentía muy dentro de mí que todas las religiones se contradecían, y en lo único en que comulgaban, existían reglas y procesos tan diferentes como extraños. Todos basados en la Biblia, pero bajo una perspectiva muy diferente según cada religión.

Mi primera decisión sincera fue no confesarme nuevamente ante un padre o un cura en una iglesia, la segunda fue no confirmarme porque no quería continuar con más ritos de los católicos. Fui sincero, y por no ser hipócrita, le di la espalda completa a mi religión de nacimiento. Creo que la hipocresía es un pecado y es más fuerte aun cuando la hipocresía intentas hacérsela a Dios.

Mientras me daba el baño a la carrera pensaba un poco en eso. Qué loco el amigo mío al intentar confirmarse luego de un montón de años viviendo como quién sabe qué bajo la lupa de Dios. Era católico mi amigo? Había hecho lo mismo que yo? Bautizarse sin saberlo como católico y luego dejarlo por no sentir que aquello le llenaba su espíritu?. Muchas veces sentí culpa por renunciar a la religión católica sin avisar, pero es que no existe una especie de Acta de Renuncia en la que se deja plasmada la firma del desertor, sino que simplemente uno se va y deja de asistir, lo que remuerde a veces la conciencia.

Al llegar a la iglesia, me plantaron en una charla en la cual todos los confirmantes eran niños, preparados de antemano durante 3 meses para el rito de la Confirmación. Los padrinos a su vez, debían tener el conocimiento del significado de la Confirmación, y el valor espiritual que tenía esta reafirmación de la fe para la iglesia católica. Allí me enteré de qué tan importante era la Confirmación, que solo podía darla un cura con rango de Monseñor. Mi amigo no se presentó a la charla, ni siquiera hizo el esfuerzo por saber qué era eso que estaba a punto de hacer.

Al día siguiente era el acto de Confirmación. Miles de niños, padrinos y padres abarrotaron la iglesia, y yo llegué al sitio primero que mi ahijado hereje. Al llegar, mi amigo empezó a bromear por todo, lo que no era más que una actitud nerviosa hacia un acto religioso, que para él no era más que un protocolo sin sentido y sin valor espiritual. Me estaba empezando a sentir incómodo con lo que me tocaría hacer, y esa misma sensación de hipocresía que una vez sentí al comulgar por primera y única vez, volvió a atravesarse por mi cabeza.

No me contuve, y en un momento durante la misa le pregunté a mi amigo si había sido obligado a hacer eso. No me contestó. Buscando respuesta le pregunté si le tocaba casarse en esa iglesia y me dijo que no. Le pregunté si necesitaba un certificado de confirmación para poder casarse y me respondió que no. Mi pregunta dentro de mi cabeza entonces fue: ¿Que carajo haces aquí confirmándote si ni siquiera sabes lo que es eso?? Vas a dejar que un cura te cachetee o te lance agua bendita en la cara sin siquiera saber lo que eso significa?. Pensé en la caraduría religiosa de mi pana allí presente y no podía comprender cómo se podía ser hipócrita con Dios mismo.

Había sido enviado allí a cumplir con eso, tal vez por sus padres o su futura esposa, solo por hacerlo. No había ni siquiera un minúsculo valor espiritual por eso dentro de su corazón, y estábamos a punto de pararnos frente al Monseñor. El cerebro me daba vueltas y de momentos tenía ganas de salir corriendo como la Novia Fugitiva y dejar a ese guevón parado ahí a que le escupiera en la cara al ritual de la Confirmación él solo.

Nos paramos ante el padre, me hicieron poner la mano en su hombro como un carajito y le preguntaron si aceptaba a Dios y renunciaba a sus pecados. No respondió un carajo. Lo hicieron decir Amen forzadamente porque a leguas mostraba su desapego e ignorancia hacia el compromiso que estaba tomando. Le pasaron un algodón por la frente y nos retiraron. El segundo padre en voz baja me preguntó: "Quién lo preparó a él?". Yo, con toda honestidad y vergüenza respondí: No lo se padre. El padre hizo un gesto de negativa y de decepción que difícilmente se borrará de mi mente.

Mi amigo al retirarnos dijo: “Ya cumplimos con esto vale”, pero no le respondí, me adelanté rápido para llegar a mi puesto y decirle a Mila que nos íbamos. Quería salir de ahí porque me sentía hipócrita.

Mi fe en Dios incluye el respeto a todas las formas y maneras de creer en él. No soy católico porque no creo en la mayoría de las cosas que pertenecen a esa religión. Igualmente no soy evangélico, ni pentecostal, ni adventista, ni mormón, pero respeto la fe de otros, ya que pienso que es en lo único que comulgan todas las religiones, en la fé. Por eso, si la Confirmación es tan importante para los católicos, ¿por qué hemos de irrespetarla simulando que creemos en ella cuando es una total mentira?. Es preferible aceptar que se es un renegado o exiliado a aceptar con caraduría que te pasen una esponja mojada por la cabeza o te metan debajo de la lengua un pedazo de pan especial lleno de sangría Don Julian, simplemente porque crees que eso es lo que significa y vale para tí. Valdrá poco para unos, pero mucho para otros y eso merece al menos respeto.

Muchos como mi amigo el hereje, van a la misa a darse golpes de pecho: “Por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa…”, pero no piensan ni por un segundo por qué se atribuyen la culpa. Al salir, salen renovados, como nuevos, exculpados, pero no comprenden que una oración no vale nada sin sentimiento, sin fe y sin arrepentimiento. Da pena ajena saber que muchos como mi amigo, se jactan de ser confesos, bautizados y confirmados pero no sienten su cristianismo como debiesen hacerlo. Irónicamente y en cierta forma esto me reconforta ya que, a pesar de tener creencias muy particulares que no encuentran refugio en ninguna religión específica, siento que tal vez no estén muy distantes del buen camino. Mi Dios va por dentro y mi comunicación con él es de dos. Respeto al que se congrega y piensa diferente, pero no podría hacer lo que muchos hacen inconscientemente. Puedo estar mal, puedo estar bien, pero prefiero darle la espalda a la religiosidad sabiendo por qué lo hago, que darle la espalda a Dios sin saberlo.

viernes, 29 de mayo de 2009

Cuando la Milla verde es demasiado corta


El título de este relato está relacionado con una frase de una conocida y aleccionadora película protagonizada por Tom Hanks, en la cual hace el papel de un oficial de custodia en el pabellón de la muerte de una cárcel de alta seguridad en el sur de los Estados Unidos durante la época de la gran depresión. En ella, el mismo se encarga de repartir justicia divina a todos los reos que allí son llevados, condenados a muerte por crímenes atroces, poniendo fin a sus vidas al pasarlos por la silla eléctrica, no sin antes hacerlos recorrer el largo pasillo del condenatorio, conocido por todos como la Milla Verde, por el característico color verduzco claro del piso.

Durante su trabajo conoce a un reo negro que fue condenado a muerte por el asesinato de dos niñas de forma salvaje a campo abierto. Mientras espera ahí por el día de su muerte, el reo le revela a Hanks su verdadera naturaleza y la verdad detrás de la muerte de las niñas. El hombre le muestra que era inocente, y no solo eso, le mostró que era poseedor de un don impresionante de absorber toda la maldad, el dolor, y el daño que había en el mundo además de poder sanar y devolver a la vida a la gente. Sin embargo, la justicia divina del penal no le impidió a Hanks cumplir con su trabajo y terminar con la vida del que llamó “uno de los milagros de Dios”.

Hanks, por esto, fue condenado sin saberlo a sufrir un destino diametralmente opuesto pero igual de trágico. El reo, en aquel momento en que le reveló a Hanks toda la verdad de su persona, le traspasó parte de su poder y le infectó con vida haciendo que este viviera mucho más allá de lo esperado: Eternamente. Para este verdugo la Milla Verde resultó ser demasiado larga.

Pero para otros no lo es tanto, y este es el tema del que quiero escribir. Esa milla, ese corredor hacia nuestro inevitable destino, para algunos es tan largo que llegan a vivir una gran cantidad de años, a tal punto que llega a un momento de sus vidas en el que se preguntan cuándo Dios vendrá por ellos; pero para otros, ese pasillo color verde resulta ser algo menos que un corredor muy corto, tan corto que no tienen tiempo de descubrir el por qué estuvieron de paso en este mundo.

Hace unos días estando de viaje con unos amigos, me enteré de una noticia sobre la muerte trágica de un chico de 19 años, amigo de la familia de mi esposa y bastante conocido por mí. Venía de Maturin, de visita luego haber comenzado sus estudios universitarios allá. Era un chico trabajador, con vida en la mirada y con muchas ganas de superarse.

Pero no pudo ir más allá. Su vida terminó de repente en un accidente de tránsito fatal, sin que este pudiera darse por enterado de ello ya que iba durmiendo en uno de los carros involucrados en el accidente. Regresando el tiempo un poco, más o menos unos 3 o 4 meses, el chico me había saludado jovialmente (como siempre lo hacía desde chico) en casa de mi suegra cuando estábamos de visita por allá, consternados por la muerte trágica de un chico de esa calle, amigo igualmente de la familia, y que en ese instante acababa de perder la vida en un accidente contra un camión. Ellos dos eran amigos y en ese momento él era un observador.

Si regreso más el tiempo, unos dos meses más, lo habría visto nuevamente en casa de la familia de mi esposa, acompañándonos en el lamento por la muerte de un primo de la familia a manos del hampa. Ese otro chico tenía menos de 20 años. Eran jóvenes, muy jóvenes.

De vuelta al presente, recuerdo los velorios de esos tres muchachos, llenos de gente joven despidiendo a sus infortunados amigos. Igual no puedo evitar recordar los funerales del hermano menor y la prima de mi esposa junto a su pequeña bebé no nacida. Durante mi vida he asistido a varios funerales y curiosamente ninguno ha sido de personas viejas. He visto como se cierra el ataud de chicos que parecían tener todo por delante, que estaban logrando cosas, creciendo, casándose y teniendo hijos, y la sensación da escalofríos.

Jóvenes, hermanos, primos, amigos y conocidos se despidieron tan pronto de nosotros y tan inesperadamente que el sentimiento de vacío envuelve todo con un manto de incertidumbre sobre el tiempo que nos queda, que a mi particularmente me hace sentir tan frágil y pequeño ante los designios de Dios. No queda otra cosa que preguntar: por qué?

Todos hemos alguna vez desfilado y coqueteado con la muerte pero es increíble cómo los que vivimos no nos explicamos cómo otros mueren. Hemos aprendido a explicarlo y a darle una razón positiva que nos haga sentir menos efímeros e insignificantes en el universo. Decimos que “era su momento”, o “Dios lo llamó pronto a su reino”, pero para personas como yo estas cosas no solo son pruebas de fé sino de hechos concretos, y ciertos. Lo concreto es que la vida es corta, muy condenadamente corta, y hay que decirlo. Dios, en su maravilloso y enorme poder, nos dio el tiempo de una simple vida humana para que nuestro espíritu tomara forma física y saboreara el amargo y a la vez dulce sabor de vivir. Ahora la prueba de fe es que siendo de carne y hueso nuestro espíritu, que a veces tambalea y flaquea, pueda seguir creyendo en Dios luego de que cosas como estas les pasan a otros.

Si cuando ayer por la tarde le saludaste o hablaste un rato con esa persona, hoy le preguntas a un familiar cercano dónde lo están velando o si ya lo enterraron. Me ha tocado preguntar eso y el nudo en mi garganta solo se compara con el tamaño de mi incredulidad al momento de preguntarlo. Es que cuando uno pregunta eso, la mente se vuelca al hecho de ver a la persona misma guardada en una caja y descendiendo a 3 mts bajo tierra, cuando hace un momento o hace unos días lo viste echando broma por ahí. Y el golpe es aún mayor cuando el rostro que ves es el de un niño, con la juventud en el rostro pero sin la vida en su cuerpo.

El silencio infinito de un cementerio y el simple toque del viento que da en el rostro de los que aún estamos aquí, nos recuerda que de una vida llena de ajetreo y caos siempre sobrevendrá la paz para nuestro cuerpo. Esos chicos que he visto partir lamentablemente no tuvieron tiempo, Dios los pidió por adelantado y a muchos nos deja con la pregunta sin respuesta mientras a otros con la respuesta sin consuelo ni satisfacción. Hay cosas en este mundo que jamás tendrán explicación, y cuando la Milla verde a veces es tan corta, no hay por qué buscar el por qué a todo lo que nos pasa. Simplemente hay que vivir, sin temor ni afán, pues las cartas están echadas y nuestro reloj oculto marca una hora desconocida para todos nosotros. Todo se sabrá cuando llegue el momento de reencontrarnos con Dios y con aquellos que se fueron primero.

Q.E.P.D