Sabado: 8:30 am, suena el teléfono ferozmente. Numero desconocido, no contesto, es alguien molestando, no. Dos minutos después, suena el teléfono de nuevo y la insistencia me hace pensar que es Mila tratando de contactarme. Contesto. No era ella. Era un amigo con una propuesta indecente, pidiéndome un favor poco común e inesperado a las 8:30 am de un sábado: Epa chamo, quieres ser mi padrino de Confirmación?.Confirmación?? Eso no lo hacen los niños?? Revisé mi archivo mental y somnoliento de lo que era eso en la religión católica, y mi respuesta inmediata fue: Te vas a casar el mes que viene y no te has confirmado?? DIOS!!. Quería colgar el celular de sopetón pero ya había atendido y entablado una jocosa conversación con el hereje en cuestión. Le pregunté a qué hora era y me respondió que a las 9:00 am. Marisco son las 8:30 am, estas loco??. Déjame ver como hago, nos vemos, y tranqué.
Una vez, hace mucho tiempo fui bautizado por la iglesia católica cuando tenía más o menos 1 año de nacido. Mis padrinos, a quienes recuerdo solo por fotos, me “echaron el agua”, y el padre, el cual mucho menos recuerdo, me santificó poniendo mi cabeza en remojo, o algo así. No recuerdo nada de eso y por eso bromeo con ello como si eso jamás hubiese pasado.
Sin ninguna clase de voluntad propia, fui llevado a una iglesia frecuentada por mis familiares por su tradición católica, y fui bautizado en el rito de esa religión. Años después, muchos después, luego de mi Comunión, extrañamente le perdí la fe y la confianza a una iglesia que no llenaba mi espíritu y más bien me hacía sentir vacío al salir de ella. No pienso criticar a la Iglesia Católica ni detallar en el porqué le perdí la fe, pero el hecho es que abandone aquel compromiso que una vez asumí sin mi propia voluntad.
Por ese traspié que a veces la iglesia católica se da con sus propios feligreses, y por el creciente número de personas que se van al exilio de esa religión (y muchas otras) sin decir por qué, el medio creó un rito que viene justamente después de la Comunión llamado Confirmación, que busca establecer una especie de orden entre los que se quedan y se van de la religión católica, permitiendo a los que se quedan, continuar con el siguiente rito que es el del Matrimonio por la vía y derechos propios de los católicos.
Yo jamás me confirmé, porque con total sinceridad les dije a mis padres que no quería hacerlo. Ellos entendieron fácilmente porque tampoco se consideran unos católicos per se. Llevan la creencia y el amor por Dios y Jesús según las enseñanzas de la iglesia católica, pero tienen una forma de pensar hacia los procedimientos de ésta que los han alejado de los templos y los han puesto a creer en un Dios más íntimo, más personal. Esto los ha vuelto una especie de renegados de la iglesia católica, por lo que entonces yo no esperé mucho e igual los seguí.
La vida me colocó por delante a mucha gente con creencias religiosas muy arraigadas y diferentes a las mías, lo que me puso al tanto de la gran diversidad de religiones y pensamientos, y me hacía sentir como un náufrago en una isla desierta porque no me podía encontrar en ninguna de ellas. Sentía muy dentro de mí que todas las religiones se contradecían, y en lo único en que comulgaban, existían reglas y procesos tan diferentes como extraños. Todos basados en la Biblia, pero bajo una perspectiva muy diferente según cada religión.
Mi primera decisión sincera fue no confesarme nuevamente ante un padre o un cura en una iglesia, la segunda fue no confirmarme porque no quería continuar con más ritos de los católicos. Fui sincero, y por no ser hipócrita, le di la espalda completa a mi religión de nacimiento. Creo que la hipocresía es un pecado y es más fuerte aun cuando la hipocresía intentas hacérsela a Dios.
Mientras me daba el baño a la carrera pensaba un poco en eso. Qué loco el amigo mío al intentar confirmarse luego de un montón de años viviendo como quién sabe qué bajo la lupa de Dios. Era católico mi amigo? Había hecho lo mismo que yo? Bautizarse sin saberlo como católico y luego dejarlo por no sentir que aquello le llenaba su espíritu?. Muchas veces sentí culpa por renunciar a la religión católica sin avisar, pero es que no existe una especie de Acta de Renuncia en la que se deja plasmada la firma del desertor, sino que simplemente uno se va y deja de asistir, lo que remuerde a veces la conciencia.
Al llegar a la iglesia, me plantaron en una charla en la cual todos los confirmantes eran niños, preparados de antemano durante 3 meses para el rito de la Confirmación. Los padrinos a su vez, debían tener el conocimiento del significado de la Confirmación, y el valor espiritual que tenía esta reafirmación de la fe para la iglesia católica. Allí me enteré de qué tan importante era la Confirmación, que solo podía darla un cura con rango de Monseñor. Mi amigo no se presentó a la charla, ni siquiera hizo el esfuerzo por saber qué era eso que estaba a punto de hacer.
Al día siguiente era el acto de Confirmación. Miles de niños, padrinos y padres abarrotaron la iglesia, y yo llegué al sitio primero que mi ahijado hereje. Al llegar, mi amigo empezó a bromear por todo, lo que no era más que una actitud nerviosa hacia un acto religioso, que para él no era más que un protocolo sin sentido y sin valor espiritual. Me estaba empezando a sentir incómodo con lo que me tocaría hacer, y esa misma sensación de hipocresía que una vez sentí al comulgar por primera y única vez, volvió a atravesarse por mi cabeza.
No me contuve, y en un momento durante la misa le pregunté a mi amigo si había sido obligado a hacer eso. No me contestó. Buscando respuesta le pregunté si le tocaba casarse en esa iglesia y me dijo que no. Le pregunté si necesitaba un certificado de confirmación para poder casarse y me respondió que no. Mi pregunta dentro de mi cabeza entonces fue: ¿Que carajo haces aquí confirmándote si ni siquiera sabes lo que es eso?? Vas a dejar que un cura te cachetee o te lance agua bendita en la cara sin siquiera saber lo que eso significa?. Pensé en la caraduría religiosa de mi pana allí presente y no podía comprender cómo se podía ser hipócrita con Dios mismo.
Había sido enviado allí a cumplir con eso, tal vez por sus padres o su futura esposa, solo por hacerlo. No había ni siquiera un minúsculo valor espiritual por eso dentro de su corazón, y estábamos a punto de pararnos frente al Monseñor. El cerebro me daba vueltas y de momentos tenía ganas de salir corriendo como la Novia Fugitiva y dejar a ese guevón parado ahí a que le escupiera en la cara al ritual de la Confirmación él solo.
Nos paramos ante el padre, me hicieron poner la mano en su hombro como un carajito y le preguntaron si aceptaba a Dios y renunciaba a sus pecados. No respondió un carajo. Lo hicieron decir Amen forzadamente porque a leguas mostraba su desapego e ignorancia hacia el compromiso que estaba tomando. Le pasaron un algodón por la frente y nos retiraron. El segundo padre en voz baja me preguntó: "Quién lo preparó a él?". Yo, con toda honestidad y vergüenza respondí: No lo se padre. El padre hizo un gesto de negativa y de decepción que difícilmente se borrará de mi mente.
Mi amigo al retirarnos dijo: “Ya cumplimos con esto vale”, pero no le respondí, me adelanté rápido para llegar a mi puesto y decirle a Mila que nos íbamos. Quería salir de ahí porque me sentía hipócrita.
Mi fe en Dios incluye el respeto a todas las formas y maneras de creer en él. No soy católico porque no creo en la mayoría de las cosas que pertenecen a esa religión. Igualmente no soy evangélico, ni pentecostal, ni adventista, ni mormón, pero respeto la fe de otros, ya que pienso que es en lo único que comulgan todas las religiones, en la fé. Por eso, si la Confirmación es tan importante para los católicos, ¿por qué hemos de irrespetarla simulando que creemos en ella cuando es una total mentira?. Es preferible aceptar que se es un renegado o exiliado a aceptar con caraduría que te pasen una esponja mojada por la cabeza o te metan debajo de la lengua un pedazo de pan especial lleno de sangría Don Julian, simplemente porque crees que eso es lo que significa y vale para tí. Valdrá poco para unos, pero mucho para otros y eso merece al menos respeto.
Muchos como mi amigo el hereje, van a la misa a darse golpes de pecho: “Por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa…”, pero no piensan ni por un segundo por qué se atribuyen la culpa. Al salir, salen renovados, como nuevos, exculpados, pero no comprenden que una oración no vale nada sin sentimiento, sin fe y sin arrepentimiento. Da pena ajena saber que muchos como mi amigo, se jactan de ser confesos, bautizados y confirmados pero no sienten su cristianismo como debiesen hacerlo. Irónicamente y en cierta forma esto me reconforta ya que, a pesar de tener creencias muy particulares que no encuentran refugio en ninguna religión específica, siento que tal vez no estén muy distantes del buen camino. Mi Dios va por dentro y mi comunicación con él es de dos. Respeto al que se congrega y piensa diferente, pero no podría hacer lo que muchos hacen inconscientemente. Puedo estar mal, puedo estar bien, pero prefiero darle la espalda a la religiosidad sabiendo por qué lo hago, que darle la espalda a Dios sin saberlo.
2 comentarios:
Guao¡¡¡¡ No hemos arado en el mar. Tus orgullosísimos padres.
Tio gracias por la mejor experiencia que he tenido te amo muchoooooo. mariangel
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