La temporada de lluvias de este año ha llegado, lo pude comprobar el día de ayer por la tarde cuando venía con mis compañeros de viaje hacia mi casa, y a más de 10 Km de la entrada de la ciudad una tormenta de gran magnitud arropó todo el horizonte. Tenía tiempo que no veía una lluvia cerrada así, lo que es señal de que el invierno ha llegado.Cuando llegamos a la ciudad ya era de noche, y como es común, cuando las ciudades tercermundistas no están preparadas para imprevistos de ninguna clase, empezaron a verse las primeras fallas de luz tanto en el alumbrado de las calles como de las casas. Con cada trueno, un apagón por algún sector. La ciudad debía parecer, vista desde el cielo, un arbolito de navidad con luces intermitentes. Fulminantes subidas y bajadas de luz acompañan a estas típicas tormentas de invierno tropical, y hacen que todo lo que sea eléctrico se joda o se ponga a punto de joderse.
Al ver como se iba la luz por todos lados, inmediatamente intuí que mi casa no iba a ser la excepción, porque la luz siempre se ha ido de golpe por minutos, y siempre ha pasado sin que haya lluvia. Al llegar confirmé lo que pensaba porque vi todo a oscuras. Mi mente, puesta en automático, venía pensando en que al llegar lo primero que haría sería acostarme a ver televisión. Televisión?, o sea, aparato, enchufe, corriente, LUZZZ. Me jodí.
Incapaz de cumplir con mi rutina diaria después del trabajo, me puse a pensar, como otras veces, en cuán conectado está uno con los aparatos eléctricos, que llega a sentirse hasta impotencia de no poder hacer nada porque la electricidad simplemente le domina el mundo a uno.
Y mi rutina no es nada campestre: llego al televisor, o en su defecto, al computador cuando Mila está usando el primero. Una vez que suelta el TV, cambio de un aparato a otro o simplemente me alterno entre los dos. Cuando ambos están aburridos para mi, enciendo un rato el xbox , o en el caso menos común, enciendo el piano y lo conecto al computador para ver que me sale. Bajo estas costumbres, totalmente enchufadas, no es de extrañar que el mundo se me venga abajo cuando no hay luz por falta de distracción post laboral. Obviamente se nota que no tengo hijos verdad?
Sin embargo, la difícil tarea de llegar a casa bajo la fuerte lluvia, me dio más cansancio de lo esperado y solamente esperaba ver la tele. Negativo. Simplemente me resigné a no tener mi dosis del día, y fui a sentarme en la sala de la casa (donde hace menos calor), bajo la luz de una vela, a esperar que llegase la luz (si llegaba), acompañado de mis abuelos y Mila.
Qué tiempo tenía sin hablar con ellos?. Vivimos en la misma casa y sentí que tenía semanas sin mediar palabra con ninguno. Yo soy uno de esos especimenes que vive y muere por los aparatos electrónicos, por la tecnología y los avances, que llega a aislarse del mundo por sumergirse dentro de la distracción moderna de los perolitos y medios actuales de comunicación e información. Me olvido de todo y de todos, la curiosidad por la cultura general es prácticamente mi vicio, y es satisfecho a través de la Internet y la tele, sin mencionar que soy fanático de los videojuegos de adultos. Por lo tanto, fue impactante para mi saberme tan desconectado del entorno familiar por pasármela tan enchufado del entorno mundial.
Con el cordón eléctrico roto, me dispuse a conversar amenamente con mi abuela y mi esposa de las cosas más variadas del quehacer diario. Y se habló de todo: Remembranzas del pasado de mis abuelos; recuerdos de cuántos perros mi abuela había criado y matado en toda su vida; de cómo vi morir a mi heredero, el loro ´Roberto´, después de un día de agonía; de la fuerza y el poder de los rayos y de cómo casi toda mi familia muere fulminada por una centella, que cayó cerca de la casa cuando todo el mundo estaba dentro; de mi bisabuela y su nueva costumbre de hablar sola y repetir las cosas que dice más de 10 veces como si fuese un reproductor de discos de acetato pegado; el miedo de mi abuela a que mi abuelo, después muerto, empiece a salir como espanto rechoncho a reclamar el corotero que guardó durante su vida y que jamás usó; de lo botarata y descuidado que era mi difunto bisabuelo materno que acostumbraba a prestar dinero a la gente sin otra garantía que la palabra de caballero o una letra firmada que a la postre no valía nada; de la llegada del temido virus A(H1N1) a Venezuela y los riesgos de que exista gente infectada en Guayana, etc, etc, etc, y muchísimos más etc.
Nos pudimos reír un mundo, bajo la luz de las velas y hablando pistoladas. Sin luz y con calor. No me hizo falta durante ese rato ni la tele ni el PC, ni el Xbox ni el piano. Prácticamente fue un beneficio la falta de luz porque me puso en contacto con mi gente, y me recordó que también es bueno charlar un rato con los seres querido. Especialmente con los más viejitos, porque son joyas que hay que aprovecharlas mientras están con nosotros. La luz llegó a las 10 de la noche y lo único que me molestó fue el calor. Puedo decir que fue una noche especial y poco común, totalmente Unplugged y llena de risas y anécdotas, igual que un día de campo, bajo la luz de la luna, lejos del ruido de la ciudad y los incompresibles avances de la tecnología moderna.
1 comentario:
Me encantó este artículo; está lleno de sentimientos filiales.Carolina Tovar
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