viernes, 19 de septiembre de 2014

Escriba, que algo queda...

He tenido algunos años de pausa creativa. Este blog y su último post son muestra viva de ello. Lo dejé todo a un lado por no encontrar sentido al escribir y no tenía ni un objetivo o un fin concreto. En aquel año tenía ganas de trascender, de ser leído y comentado frecuentemente por mis amigos y lectores fugaces, pero no recibía el feedback esperado.

Creo que en aquel entonces extravié el sentido de lo que hacía. Al principio lo hice para mi mismo, como una especie de catarsis o comunión con el montón de ideas que me fluyen siempre por la cabeza, pero luego convertí el asunto en algo para los demás, para que fuese leído y reconocido por otros, y eso, por supuesto, no pasó. Los blogs están en su mayoría llenos de cosas bastante personales de sus autores, repletos de artículos de opinión, no aptos para todos los públicos. Pero no lo entendí por aquellos tiempos.

En el tramite de estos años me he vuelto padre; tema que podría haber generado un montón de posts de amor paternal; hice un viaje maravilloso a la Patagonia Argentina y al Fin del Mundo cerca del polo sur; me compre mi apartamento y me mudé de mi ciudad, alejándome de mis padres y toda familia cercana; me volví definitivamente un Ateo confeso; y muchas otras cosas más de las que no me acuerdo. En resumen, tuve mucho material para explotar, contar, relatar, y sobre el cual escribir pero, por mi depresión creativa, lo he dejado todo en el tintero. Lamentable.

Ayer me metí en este blog, como quien visita en el cementerio la lápida de un familiar muerto hace años, y releí uno de mis viejos post al azar. Fue una experiencia jocosa, simpática, y muy sentimental, el leer los pensamientos que tenía yo (o mi otro yo)  para que fuese leído y reconocido por otros, y eso, por supuesto, no pasó. Los blogs están en su mayoría llenos de cosas bastante personales de sus autores, repletos de artículos de opinión, no aptos para todos los públicos. Pero no lo entendí por aquellos tiempos.

En el tramite de estos años me he vuelto padre; tema que podría haber generado un montón de posts de amor paternal; hice un viaje maravilloso a la Patagonia Argentina y al Fin del Mundo cerca del polo sur; me compre mi apartamento y me mudé de mi ciudad, alejándome de mis padres y toda familia cercana; me volví definitivamente un Ateo confeso; y muchas otras cosas más de las que no me acuerdo. En resumen, tuve mucho material para explotar, contar, relatar, y sobre el cual escribir pero, por mi depresión creativa, lo he dejado todo en el tintero. Lamentable.

Ayer me metí en este blog, como quien visita en el cementerio la lápida de un familiar muerto hace años, y releí uno de mis viejos post al azar. Fue una experiencia jocosa, simpática, y muy sentimental, el leer los pensamientos que tenía yo (o mi otro yo) cuando era más joven. Al terminar de leer me dije a mi mismo: “si no hubiese escrito esto, se habría perdido en el tiempo, no habría quedado nada para nadie, ni para mi mismo.”

Fue entonces que decidí pasar la página y olvidarme de trascender. Ahora, necesito volver a los orígenes y de escribir nuevamente para mí. Tomo como guía creativa la frase que da título a este escrito: “Escriba que Algo queda”, y por supuesto que sí, siempre queda algo. Que lo digan el montón de post que escribí desde el 2008 hasta el 2010, y se lamenten aquel montón de post que nunca vieron luz desde el 2010 hasta el presente.

Lamentablemente, aquellos fueron pensamientos e ideas que, – tomando las bellas palabras del monólogo final de Rutger Hauer en Blade Runner – “…se perdieron en el tiempo, como lágrimas en la lluvia”. Ya no más.  

Por lo tanto, desde hoy, tengo el orgullo, y la meta personal de rescatar del olvido a estas Realidades y Reflexiones que siempre han formado parte de mí.  

Empecemos...

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