Tiempo ya sin escribir, bastante tiempo sin darle a las
teclas y poner por escrito la avalancha de imágenes, pensamientos e ideas que
saturan – y empiezan a atormentar – mi mente. No puedo más me dije hoy. Tengo
que escribir.
¿Sobre qué?, me pregunte. Y quedé en silencio, en blanco,
por tanto rato que resultó incómodo. Desde hace tiempo me había hecho
consciente de mi creciente estancamiento creativo, pero el estado literalmente
catatónico en que me dejó esa simple pregunta me asustó. Me puso en pánico. La
verdad, mientras escribo estas líneas mis manos tiemblan, de una forma casi
imperceptible para cualquiera, pero es así. Lo siento en mis dedos.
¿Pero, qué es lo que siento?. ¿Que me aterroriza de esta
manera inusitada?. Pues lo obvio, la genuina sensación de que me estoy
perdiendo a mí mismo, de que mi propia identidad poco a poco desaparece;
engullida, regurgitada y devuelta a la tierra en forma vómito, por la terrible
y desoladora situación de nuestro país.
Siempre he sido un hombre silencioso, callado, de poco
hablar. En contraparte, hace algunos años descubrí que lo que compensaba todo
eso era la escritura. Con los años, y sin comprenderlo bien del todo, me volví
un prolífico escritor de mis propias reflexiones, las cuales descargué
despiadamente en este blog, a una tasa de aproximadamente 2 o más por semana,
durante varios años.
Luego progresé con eso, y terminé escribiendo varios
relatos cortos, y además empecé dos historias más largas que al sol de hoy no han
visto final. Comprendí entonces que la escritura, al igual que el silencio, era
una parte fundamental de mi mismo, como un hermano pequeño aferrado a la mano
de otro mucho más grande. Y así, mis escritos terminaron siendo la prueba más
clara de que lo que mi boca calla, mi mente lo grita, y mis dedos lo escriben.
Entonces, ¿sobre qué escribo?. La pregunta que me puso a
temblar justo al empezar. Esa que me hace ver lo difusa que luce mi propia
identidad dentro de esta realidad tan terrible. Jamás había tenido que
preguntarme eso. Cuando escribía en el blog las ideas salían por si solas a
borbotones, sin freno, como un mar de pensamientos, indetenibles. Hoy siento
que la escritura me ha abandonado, las ideas se me enredan en la salida, y se
quedan en el tintero de mi mente desolada. No me siento yo, y por segundos me
pierdo, hasta en el mismo intento de armar la estructura coherente de este
mismo escrito.
¿Será que son demasiadas que no se por donde empezar?.
¿Están contenidas en un cuello de botella que se ha formado por los
desperdicios de este país grotesco y deformado en el que hoy estoy viviendo? ¿O
mi mente ahora solo piensa en el hoy, en el aquí, y no vuela tanto como antes?
Me he negado mil veces a escribir sobre la situación de
mi país. Tantas plumas y tanta gente ha escrito sobre eso en la prensa, en
blogs, y en foros, que incluirme en esa poblada descorazonada siempre me
pareció más un ejercicio de morbo que de otra cosa.
Que si Ramos Allup piensa que Maduro tiene cancer, que
Iris Varela llamó “Capriloca” a Capriles, que Lilian Tintori es la supuesta
candidata de USA para Venezuela, que Rodriguez Torres se esta lanzando a
presidente bajo cuerda, que Carlos Osorio (ex ministro de Alimentación) va a
demandar a la asamblea por insultar su “honorabilidad”, y demás despreciables
etc y etc, solo ayudan a aumentar la percepción de que todos, no solo yo, hemos
perdido la brújula existencial.
Hace un tiempo empecé un relato corto sobre dos chicos
que aprenden sobre el significado de la muerte al encontrar un cadáver en una
ladera cerca de una calle en el pueblo donde vivían. Pero todo eso me deja de
importar y de interesar cada vez que leo en la prensa que han quemado vivo en
plena calle a un asaltante o, como ayer, dos jóvenes hampones aparecieron muertos
por disparos en Caracas, dentro de un edificio abandonado, con notas escritas
en sus bolsillos con la curiosa frase: “no debo robar”.
Ante esto, uno siente simplemente que la realidad y la
ficción se fusionaron en este país. Ya no se sabe si lo que lees en la prensa
digital es un genuino artículo noticioso o una broma pesada de El Chiguire
Bipolar, ni discernir si el criminal detrás de la muerte de los delincuentes
con la nota escrita, es tan solo una poblada cansada de tantos robos, o es el
mismísimo Comisario Natalio Vega (“El Hombre de la Etiqueta”), de la telenovela
“Por Estas Calles”, que viajó en el tiempo como Terminator, desde el año 1992,
y ahora cobra cuentas en nuestros días.
El país yace en un limbo, en una bruma descomunal que tal
vez, por primera vez en la historia, nos une a todos, ricos y pobres, en un
mismo sufrimiento y padecer. Mientras el mundo cuenta los días para el estreno
de la nueva temporada de Juego de Tronos, nosotros contamos los días que le
quedan al embalse de la represa hidroeléctrica del Guri para entrar en fase de
colapso, y deba apagarse la casa de máquinas 2, lo que dejaría a casi medio
país literalmente a oscuras por varios meses, y por supuesto, sin poder ver la
nueva temporada de Juego de Tronos.
El país se apaga lentamente. Hace dos semanas declararon
los viernes no laborables para el sector público, redujeron la jornada diaria
laboral a la mitad, y desde mucho antes hay apagones programados en todas
partes del país de al menos dos horas. Prácticamente ningún articulo de la
canasta básica se consigue con facilidad o a precio razonable, por lo que todo
el mundo, sin distinción, debe, o hacer colas kilométricas para comprar algo a
precio minúsculo, o comprar en el mercado negro lo que necesita a precios exorbitantes.
Mientras, Maduro quiere recortar el tiempo de la Asamblea
Nacional; un ente que, con cada día que pasa, se convierte en el “semáforo de
media noche” más notorio y vulgar de la historia contemporánea de nuestro país,
porque sencillamente nadie lo respeta. A su vez, los dirigentes opositores
parecen jugar al desgaste natural de Maduro, descaradamente ajenos a la
contenida y creciente arrechera de la ciudadanía, que no está pensando ni en
Amnistías, ni enmiendas constitucionales, sino en que este infierno se acabe, y
si en el ínterin se va maduro, pues tanto mejor.
Y tal es la desconexión de bando y bando con la realidad
del país, que para muestra un botón: Hace poco pude ver en algunas calles de mi
ciudad, unas vallas enormes con una publicidad que mostraba tan solo un escudo
floreado en el medio de un fondo blanco. La revelación estaba arriba del
escudo, donde en letras negras podía leerse: “¿No volverán?”.
El sarcasmo de la frase va dirigido al chavismo, que toda
la vida se ufanó de que los partidos políticos de antaño, como Acción
Democrática (AD) y COPEI no volverían nunca más luego del ascenso de Chavez a
la presidencia. El escudo bajo esas letras de la valla pertenece, obviamente a
AD, los adecos.
Mas allá del descaro que representa el hecho de que un
partido de antaño – responsable originario del ascenso de Chavez, gracias a la
ineficiencia con que ejercieron la presidencia sus dirigentes mas notorios -
pague un dineral para poner vallas en la ciudad con mensajes retadores como el
ya mencionado, o “Lo bueno siempre vuelve”; lo que más sorprende es lo
descontextualizado que está todo el mensaje dentro de la situación tan
desastrosa que estamos viviendo los ciudadanos de este país.
No es un mensaje dirigido al país, o a su gente, a todos
aquellos que deseamos recuperar nuestra forma de vida, no. Es un mensaje al
chavismo, y un mensaje soberbio, pues asumen que ellos, el partido AD, ya
volvieron, y aunque aún no están gobernando, creen o están seguros de que lo
van a volver a hacer.
Así que es triste y desesperanzador ver lo oscuro que
esta nuestro presente y las nubes tan negras que se avizoran en nuestro futuro.
Porque si Maduro obra su propio milagro y permanece en la presidencia hasta el
2019, tocará de nuevo votar y elegir. Y el venezolano de a pie, el que no sabe
ni le interesa saber de “pelucones” ni de “maburros”, es quien se verá ante una
disyuntiva ilusoria, frente al espejismo de una decisión. Y se quedará
probablemente un rato frente a la maquina de votación, con el hambre de salir
de Maduro, pero con la amargura clara y refleja de no gustarle tampoco la otra
opción.
Es un juego trancado, en donde nos quedaría solo una
triste reflexión:
“estamos en manos de ellos, o de aquellos”.
Que curioso… Las
manos me dejaron de temblar.

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