viernes, 22 de abril de 2016

Nublado Futuro, Nublada Vida


Tiempo ya sin escribir, bastante tiempo sin darle a las teclas y poner por escrito la avalancha de imágenes, pensamientos e ideas que saturan – y empiezan a atormentar – mi mente. No puedo más me dije hoy. Tengo que escribir.

¿Sobre qué?, me pregunte. Y quedé en silencio, en blanco, por tanto rato que resultó incómodo. Desde hace tiempo me había hecho consciente de mi creciente estancamiento creativo, pero el estado literalmente catatónico en que me dejó esa simple pregunta me asustó. Me puso en pánico. La verdad, mientras escribo estas líneas mis manos tiemblan, de una forma casi imperceptible para cualquiera, pero es así. Lo siento en mis dedos.

¿Pero, qué es lo que siento?. ¿Que me aterroriza de esta manera inusitada?. Pues lo obvio, la genuina sensación de que me estoy perdiendo a mí mismo, de que mi propia identidad poco a poco desaparece; engullida, regurgitada y devuelta a la tierra en forma vómito, por la terrible y desoladora situación de nuestro país.

Siempre he sido un hombre silencioso, callado, de poco hablar. En contraparte, hace algunos años descubrí que lo que compensaba todo eso era la escritura. Con los años, y sin comprenderlo bien del todo, me volví un prolífico escritor de mis propias reflexiones, las cuales descargué despiadamente en este blog, a una tasa de aproximadamente 2 o más por semana, durante varios años.

Luego progresé con eso, y terminé escribiendo varios relatos cortos, y además empecé dos historias más largas que al sol de hoy no han visto final. Comprendí entonces que la escritura, al igual que el silencio, era una parte fundamental de mi mismo, como un hermano pequeño aferrado a la mano de otro mucho más grande. Y así, mis escritos terminaron siendo la prueba más clara de que lo que mi boca calla, mi mente lo grita, y mis dedos lo escriben.

Entonces, ¿sobre qué escribo?. La pregunta que me puso a temblar justo al empezar. Esa que me hace ver lo difusa que luce mi propia identidad dentro de esta realidad tan terrible. Jamás había tenido que preguntarme eso. Cuando escribía en el blog las ideas salían por si solas a borbotones, sin freno, como un mar de pensamientos, indetenibles. Hoy siento que la escritura me ha abandonado, las ideas se me enredan en la salida, y se quedan en el tintero de mi mente desolada. No me siento yo, y por segundos me pierdo, hasta en el mismo intento de armar la estructura coherente de este mismo escrito. 

¿Será que son demasiadas que no se por donde empezar?. ¿Están contenidas en un cuello de botella que se ha formado por los desperdicios de este país grotesco y deformado en el que hoy estoy viviendo? ¿O mi mente ahora solo piensa en el hoy, en el aquí, y no vuela tanto como antes?

Me he negado mil veces a escribir sobre la situación de mi país. Tantas plumas y tanta gente ha escrito sobre eso en la prensa, en blogs, y en foros, que incluirme en esa poblada descorazonada siempre me pareció más un ejercicio de morbo que de otra cosa.

Que si Ramos Allup piensa que Maduro tiene cancer, que Iris Varela llamó “Capriloca” a Capriles, que Lilian Tintori es la supuesta candidata de USA para Venezuela, que Rodriguez Torres se esta lanzando a presidente bajo cuerda, que Carlos Osorio (ex ministro de Alimentación) va a demandar a la asamblea por insultar su “honorabilidad”, y demás despreciables etc y etc, solo ayudan a aumentar la percepción de que todos, no solo yo, hemos perdido la brújula existencial.  

Hace un tiempo empecé un relato corto sobre dos chicos que aprenden sobre el significado de la muerte al encontrar un cadáver en una ladera cerca de una calle en el pueblo donde vivían. Pero todo eso me deja de importar y de interesar cada vez que leo en la prensa que han quemado vivo en plena calle a un asaltante o, como ayer, dos jóvenes hampones aparecieron muertos por disparos en Caracas, dentro de un edificio abandonado, con notas escritas en sus bolsillos con la curiosa frase: “no debo robar”.

Ante esto, uno siente simplemente que la realidad y la ficción se fusionaron en este país. Ya no se sabe si lo que lees en la prensa digital es un genuino artículo noticioso o una broma pesada de El Chiguire Bipolar, ni discernir si el criminal detrás de la muerte de los delincuentes con la nota escrita, es tan solo una poblada cansada de tantos robos, o es el mismísimo Comisario Natalio Vega (“El Hombre de la Etiqueta”), de la telenovela “Por Estas Calles”, que viajó en el tiempo como Terminator, desde el año 1992, y ahora cobra cuentas en nuestros días.

El país yace en un limbo, en una bruma descomunal que tal vez, por primera vez en la historia, nos une a todos, ricos y pobres, en un mismo sufrimiento y padecer. Mientras el mundo cuenta los días para el estreno de la nueva temporada de Juego de Tronos, nosotros contamos los días que le quedan al embalse de la represa hidroeléctrica del Guri para entrar en fase de colapso, y deba apagarse la casa de máquinas 2, lo que dejaría a casi medio país literalmente a oscuras por varios meses, y por supuesto, sin poder ver la nueva temporada de Juego de Tronos.    

El país se apaga lentamente. Hace dos semanas declararon los viernes no laborables para el sector público, redujeron la jornada diaria laboral a la mitad, y desde mucho antes hay apagones programados en todas partes del país de al menos dos horas. Prácticamente ningún articulo de la canasta básica se consigue con facilidad o a precio razonable, por lo que todo el mundo, sin distinción, debe, o hacer colas kilométricas para comprar algo a precio minúsculo, o comprar en el mercado negro lo que necesita a precios exorbitantes.

Mientras, Maduro quiere recortar el tiempo de la Asamblea Nacional; un ente que, con cada día que pasa, se convierte en el “semáforo de media noche” más notorio y vulgar de la historia contemporánea de nuestro país, porque sencillamente nadie lo respeta. A su vez, los dirigentes opositores parecen jugar al desgaste natural de Maduro, descaradamente ajenos a la contenida y creciente arrechera de la ciudadanía, que no está pensando ni en Amnistías, ni enmiendas constitucionales, sino en que este infierno se acabe, y si en el ínterin se va maduro, pues tanto mejor. 

Y tal es la desconexión de bando y bando con la realidad del país, que para muestra un botón: Hace poco pude ver en algunas calles de mi ciudad, unas vallas enormes con una publicidad que mostraba tan solo un escudo floreado en el medio de un fondo blanco. La revelación estaba arriba del escudo, donde en letras negras podía leerse: “¿No volverán?”.

El sarcasmo de la frase va dirigido al chavismo, que toda la vida se ufanó de que los partidos políticos de antaño, como Acción Democrática (AD) y COPEI no volverían nunca más luego del ascenso de Chavez a la presidencia. El escudo bajo esas letras de la valla pertenece, obviamente a AD, los adecos.

Mas allá del descaro que representa el hecho de que un partido de antaño – responsable originario del ascenso de Chavez, gracias a la ineficiencia con que ejercieron la presidencia sus dirigentes mas notorios - pague un dineral para poner vallas en la ciudad con mensajes retadores como el ya mencionado, o “Lo bueno siempre vuelve”; lo que más sorprende es lo descontextualizado que está todo el mensaje dentro de la situación tan desastrosa que estamos viviendo los ciudadanos de este país.

No es un mensaje dirigido al país, o a su gente, a todos aquellos que deseamos recuperar nuestra forma de vida, no. Es un mensaje al chavismo, y un mensaje soberbio, pues asumen que ellos, el partido AD, ya volvieron, y aunque aún no están gobernando, creen o están seguros de que lo van a volver a hacer.  

Así que es triste y desesperanzador ver lo oscuro que esta nuestro presente y las nubes tan negras que se avizoran en nuestro futuro. Porque si Maduro obra su propio milagro y permanece en la presidencia hasta el 2019, tocará de nuevo votar y elegir. Y el venezolano de a pie, el que no sabe ni le interesa saber de “pelucones” ni de “maburros”, es quien se verá ante una disyuntiva ilusoria, frente al espejismo de una decisión. Y se quedará probablemente un rato frente a la maquina de votación, con el hambre de salir de Maduro, pero con la amargura clara y refleja de no gustarle tampoco la otra opción.

Es un juego trancado, en donde nos quedaría solo una triste reflexión: 

“estamos en manos de ellos, o de aquellos”. 

Que curioso…  Las manos me dejaron de temblar.

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